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8 de junio de 2006

El «sí quiero» del cántabro y la nietísima


Por fin ha sido el dieciocho. Ya lo sabe España, ya lo sabe el mundo.

El dieciocho se ha casado, en primera ceremonia, la íntima, una de las parejas de moda, ella habitual de los medios de comunicación desde su más tierna infancia y él mocetón cántabro al que siempre nos empeñamos en describir como mocetón cántabro como si no tuviese más característica que ésa.

Carmen y José, pareja simpática y desinhibida, han confraternizado con el público abriendo sus corazones al conocimiento general y mostrando interioridades, hasta un cierto límite, en sus apariciones públicas.

No tienen edad, claro está, de esconderse bajo un abrigo cuando ven una cámara, ni son tan inexpertos como para soltar exabruptos cuando un micrófono se les planta delante, con lo que todos hemos podido conocer alguno de los detalles de su boda sevillana aunque no la totalidad.

Conocedores  del negocio de las exclusivas, han sabido rentabilizar el goteo de informaciones que han brindado al espectador ansioso.

Hay malpensados que aseguran que la pareja ha establecido un perfecto plan de pensiones con los tres o cuatro reportajes obligados que rodean una boda.

Afortunadamente también hay quienes saben que ésta es una pareja que, más allá de sus negocios, se quiere con la furia de los veinteañeros.

Hablando de los reportajes previsibles: el adelanto exclusivo del traje de Carmen fue un ejemplo de la habilidad contable, absolutamente legítima, con el que la novia ha sabido capear los temporales de su interesante vida pública y privada.

Mostró el traje con el que dio el “sí quiero”, demostrando así que las supersticiones no pueden con su perspicaz sentido mercantil.

Tras la boda, no lo olviden, llega la luna de miel, que espero podamos ver en todo su esplendor, y, tras ésta, esperemos un tiempo de arrobo en el que la sonrisa sincera que luce el rostro de esta mujer inquieta e interesante no se borre ni siquiera por cansancio.

Después de largos ensayos de convivencia, Carmen asegura volver a sentir la inquietud de los dieciocho años, y por ello este día dieciocho ha abierto las cancelas de sus jardines interiores para que entre de paseo el mocetón cántabro al que nos empeñamos en describir como mocetón cántabro. Les deseamos lo mejor.

El ocho de julio, parece ser, habrá segunda parte.

 

 


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