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13 de julio de 2006

El Papa trajo la luz


Sonrisa, ternura e inteligencia. Benedicto XVI. Valencia. Mesura en las formas, en las palabras. Contundencia en el mensaje católico en torno a la importancia de la familia como el seno en el que los seres humanos crecen y se desenvuelven libres y sólidos. Afabilidad en el no excesivamente fácil trato con la autoridad política gubernativa.

Afecto y benevolencia con los familiares de las víctimas del accidente del metro de Valencia. Ratzinger está siendo un Papa de una trascendencia intelectual que aún no hemos valorado suficientemente: su homilía en la Eucaristía del pasado domingo fue, sencillamente, excepcional, como lo fuera la que proclamó a la muerte del inolvidable Wojtyla, en la que dejó claro que uno de los grandes males de la sociedad de nuestro tiempo es el relativismo moral. Su presencia en España ha cautivado a los cientos de miles, millones de católicos que le han seguido y ha debido interesar, por fuerza, a los miles de respetuosos agnósticos que con inquietudes intelectuales han seguido sus palabras. Incluido Rodríguez Zapatero.

El Presidente del Gobierno visitó a Benedicto XVI junto a parte de su familia pero no quiso asistir a la misa que celebró poco antes de marchar el Pontífice de vuelta al Vaticano. Para muchos, hizo mal. Si ha entendido que su presencia en determinas ceremonias religiosas era obligada --por ejemplo, pocos días antes en los funerales por los 42 fallecidos en el accidente-- no se entiende por qué realizó el desaire de no asistir a la que cerraba la presencia del Papa en España, su primera visita a nuestro país. Probablemente temía una reacción desagradable o reprobatoria de parte de los asistentes y optó por quitarse de en medio.

La anécdota curiosa ha sido la comunicación de lo servicios de prensa de Moncloa en la que explicaba los regalos recibidos de manos del Pontífice: según el  que redactó la nota, el presidente recibió “una Biblia antigua” --cuando era un fascímil de una encíclica del siglo XIII-- y su señora “un collar de perlas con una cruz” --que es la forma del portavoz de explicar lo que es un rosario--. Qué bonito. ¿Se imaginan al Papa regalando collares de perlas a importantes damas?

Vuelva cuando quiera Benedicto XVI a nuestra casa. Vuelva con su sonrisa, con su densidad intelectual, con su mensaje íntegro, que no integrista, con su amabilidad y su ternura. Siempre será bien recibido por los fieles y por los españoles.


 


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