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13 de abril de 2006

Bono y Mª José dan la campanada


José Bono madrugó o le madrugaron, no sé, pero ya no consta en el Gobierno de Rodríguez, ese mismo que lo incluyó para tenerlo cerca y no perder ni un detalle de sus movimientos.

No trato de dejar escritas consideraciones políticas, pero sí recuerdo que el manchego fue siempre el ministro más valorado por los españoles: su calculado mensaje, su cordialidad innata, sus dotes persuasivas y su destreza para manejar mensajes demagógicos sin que ruborizaran en exceso hicieron que se le considerara el mejor o el menos malo.

Ahora se marcha y deja detrás un buen ejemplo de sintonía con los medios de comunicación.

Ha sabido manejarse bien con ellos gracias a la muy eficaz administración de confidencias y a saber encajar bien los golpes cuando los medios han sido duros con él.

Además, ha sabido lucir su figura familiar sin excesos ni sin falsos miedos: cuando ha tenido que fotografiarse con sus hijos y su esposa lo ha hecho sin que se le ponga cara de susto ni de remordimiento.

Padre de familia numerosa –en estas cosas, como en tantas, tres ya son multitud–, los Bono tuvieron la fortuna de ver ampliada su nómina con una lindísima chiquilla que pasó a ser la reina indiscutible de sus días y sus noches.

He esgrimido razones familiares para la retirada –que no nos hemos creído ninguno, por cierto– y ello debe sugerir que es a la familia a la que quiere dedicar buena parte de su tiempo.

Durante un tiempo será así, pero, al final, por aquello de que la cabra tira hacia donde tira, volverá a la actividad pública.

No me cabe la menor.

Hablando de la más estricta actualidad: tampoco me cabe la menor de que estamos ante un escándalo de considerables dimensiones en lo que respecta a la falsificación de documentos y que le ha costado unas horas de prisión a la esposa de Jesulín de Ubrique, María José Campanario.

Lo llamativo de la protagonista ha mezclado a las puertas de los juzgados a periodistas de diferentes secciones de actualidad, la política, la económica y la social y ha impactado contundentemente a muchos de los seguidores de la familia que vive en Ambiciones.

Alguno hará algún chiste oportunista con ese nombre, ya verán.

Que la silente esposa del torero dedique su tiempo libre a participar en una trama de fraude colectivo se me antoja de difícil digestión.

Lo tiene que decidir el juez, no nosotros, pero su implicación no me negarán que es estupefaciente...


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