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9 de diciembre de 2007

Comer en Miami - y III


 

Houston`s, como les dije la semana pasada, es, indudablemente, una excelente elección. Dos son las posibilidades: en Miracle Mille (Coral Gables) o en la calle 125, cerca del impresionante Adventure Mall, el centro comercial más completo de todo el condado, donde toda tienda es posible, donde la distracción está garantizada. Ambos están diseñados con un acierto escénico sin discusión, siendo el segundo, el más lejano del centro, el más atractivo. Ideal para una cena con magnetismo, la cocina de Houston`s trabaja a la vista del cliente y maneja la parrilla y el sushi con un gran decoro. La relación calidad-precio es ejemplar y no habrá de resultar cansino el rato pasado en cualquiera de sus mesas. Si les gusta el pescado, díganles que les preparen uno a sus brasas de leña y carbón, a ser posible sin mantequilla: verán que es excelente. Excelentes son, si les gustan, las Baby back ribs, pequeñas costillas de cerdo ahumadas, asadas a la leña y bañadas con salsa barbacoa. Probablemente, las mejores que he probado, acompañadas de excelentes patatas fritas. No se arrepentirán. Si les gustan las ensaladas ciclópeas, tendrán oportunidad de saborearlas en varias presentaciones. A mí me parecen un elegante combinado de diferentes tipos de césped, pero allá cada cual –a Mariló Montero, sin ir más lejos, le enloquecen–. En lo de las Baby back ribs, hay muchas opiniones y discusiones: mi querido Alfonso Ordovás, empresario madrileño que tuvo el valor de montar una fábrica de tortillas de patata en pleno Miami y que hubiera resultado un cañonazo de no haberle dejado tirado la aerolínea Delta Airlines, es un forofo consumado de Fuddrockers, donde la calidad es ciertamente curiosa. Yo elegiría Houston`s, pero allá ustedes.

 

Dos cosas de Miami Beach que me han pedido los lectores que amplíe de semanas anteriores. Cuando les señalaba que la calle Lincoln, en su tramo peatonal, era un lugar agradable para dar con algún restaurante italiano, no les señalé que el más interesante puede ser Spris, en el 731. Y si quieren un buen, excelente, restaurante argentino, no dejen de sentarse en Baires Grill, en el 560 de Washington Avenue, también en la playa. La carne es suprema y la manera de prepararla se asemeja a la nuestra.

 

Pero el gran pelotazo del momento en Miami es Prime One Twelve, en el 112 de Ocean Drive, South Beach, en el bajo del estupendo y coqueto Browns Hotel. No dejen de reservar mesa –más ambiente de noche que al mediodía– y probar su espectacular Kobe beef hot dog, o sea, perrito caliente de carne de Kobe, del grosor de una caña de lomo y de una largura de un par de palmos. No exagero. Excepcional. A la parrilla –pidan que no lo unten con mantequilla, eviten detritus siempre que puedan–, con pan adecuado y mostaza de calidad es un bocado exquisito. Las papas fritas espolvoreadas con trufa blanca no son ninguna tontería. Y el resto de la carta, tampoco. La gente más chic se da cita en ese simpático ambiente; no se los pierdan, todos muy americanos, muy cool, con muchas ganas de verse.

 

No es el único restaurante de hotel art decó con nombre y fachada en Ocean Drive: en el muy de moda hotel Delano puede cenar en Blue Door: su plato más famoso, unos raviolis rellenos de cangrejo y vieiras que se consideran lo más de lo más en el Beach. Otro de los que mola es Chef Allen, la casa de Allen Susser, creador de moda por aquello de la comida del Nuevo Mundo, que es un divertimento que está bien para Miami pero que en Madrid, por ejemplo, no pasaría de ser un buen restaurante. Sin embargo, su mero con pistachos y mango gusta regularmente. Elegante y gustoso es Caffe Abracci, en la calle Aragón de Coral Gables, restaurante italiano de cierta altura donde se dan cita no pocas comidas de negocios. ¿Y qué más? Pues muchos, pero con tres entregas creo que es suficiente. Normalmente no se suelen pasar en Miami más días de los que tardaría en completar esta serie de consejos. Aplíquese y, por demás, arriésguese y descubra lugares que aconsejarme a mí, que, evidentemente, no los conozco todos. Y disfrute de una ciudad sorprendente, cálida –no saben cuánto– y acogedora. Buen apetito.


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