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30 de septiembre de 2007

Así que usted tiene una vivienda vacía...


La ocurrencia no es nueva, de acuerdo; antes que a los munícipes sevillanos se les ocurrió a los madrileños, más concretamente a Ruiz-Gallardón, el eterno perejil, el jaimito mejor acabado de la política española. Puede que, incluso, los barceloneses, conociendo a algunos de sus inexplicables cargos públicos, no fueran ajenos a la paparruchada, pero no lo tengo documentado. El disparate de cobrar un impuesto especial y oneroso a los propietarios de pisos desocupados no había pasado de ser un desbarro propio de ediles demagogos y recaudadores, pero ahora se vuelve una realidad merced a la coalición más psicodélica y superficial que gobierna ayuntamiento alguno. Sin encomendarse a ningún tipo de diablo normativo, el Consistorio de Sevilla va a establecer una acentuada subida del IBI para aquellos inmuebles que, según su criterio, estén desocupados. El instigador de la trama, el comunista Antonio Rodrigo Torrijos, primer teniente de alcalde, no ha tenido la deferencia de explicar a los ciudadanos qué entiende él por una vivienda desocupada. No sabemos si con ello pretende decirle a la sociedad que, como en el buen paraíso igualitario, el ciudadano sólo tiene derecho a una vivienda –«de cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades»– y que la posesión de más de una sólo se perdona en el caso de que la arriesgue en el inestable y traicionero mercado del alquiler. A tal efecto, nadie en las abigarradas oficinas consistoriales ha sabido explicar si una vivienda se considerará desocupada en el caso de que facture menos kilovatios por hora de lo que Torrijos decida: de establecerse un mínimo de consumo de luz para esquivar la subida de impuestos, más de uno será capaz de dejar las luces encendidas un par de noches a poco que la cuenta le compense. En el caso de que un propietario disponga de una vivienda para en un futuro no lejano legársela a sus hijos una vez éstos se independicen, o bien la alquila en el entretiempo o bien sufraga las arcas municipales con una bárbara subida de impuestos. No digamos de aquel que tenga un apartamento donde agasajar a sus invitados en épocas tan concretas como Feria o Semana Santa; ése, también a pagar. Ya verán como se dará el caso del que pondrá su vivienda en alquiler visitando una inmobiliaria y solicitándoles un certificado conforme el piso en cuestión está en el mercado: el pequeño escollo para alquilarla estribará en que pedirá por cada mes unos diez mil euros. Así a ver quién le alquila esos cincuenta metros cuadrados. No creo que el Ayuntamiento también quiera intervenir en el mercado libre de alquiler y dictaminar cuáles han de ser los precios, con lo que, sobre el papel, estará excusado de pagar el IBI, digo yo. Y qué me dicen del pobre propietario que tiene un churrete de piso que no quiere nadie o de aquel al que le han destrozado la vivienda una vez sí y otra también o del otro al que no le pagan desde hace un año siendo imposible literalmente sacar de ahí a los morosos: ¿qué solución les van a dar a ellos las lumbreras municipales?

Estos desatinos tan entretenidos resultan tan divertidos de contestar como divertidos fueron de plantear para tanto edil sin imaginación: ¿puede un sujeto driblar el impuestazo alegando que él va a su piso vacío cada tarde a relajarse en el silencio y la oscuridad? ¿Puede, incluso, volver la oración por pasiva y denunciar al propio Ayuntamiento, el cual tiene en desuso y abandono un importante número de instalaciones municipales? ¿Se pagará a sí mismo por mantener en la ruina y la dejación un lugar tan interesante como el antiguo mercado de la Puerta de la Carne?

Entre tanto, por cierto, el Ayuntamiento ha recalificado la sede del PSOE local haciendo que ésta multiplique por diez su valor como inmueble. Van a poder edificar hasta seis plantas, de así precisarlo. Qué suerte. Qu


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