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25 de noviembre de 2007

Comer en Miami - I


 

A Miami no deja de pasarle lo que a Nueva York: la estacionalidad es un hándicap a la hora de recomendar algún lugar curioso para la pitanza. No es imposible, no obstante, establecer una guía imprescindible para los tres o cuatro días que suele pasar un mortal en la ciudad del calor y la humedad. Engaña Miami: para comer bien es menos hispano de lo que aparenta y no todo lo que lleva nombre español es, ni mucho menos, garantía de satisfacción. Antes al contrario, desconfíen. Después de muchos años de idas y venidas, de estancias y ausencias, sólo puedo decir haber comido aceptablemente en un par de lugares con nombre español.

 

Uno es Ideas, en Coral Gables (2823 Bird Avenue), que no tiene más misterio que exhibir un excelente producto importado por el propietario, célebre importador de pescado que no repara en comprar lo mejor y en las mejores condiciones posibles; el cocinero es de Valladolid y asa incomparablemente bien. Fuera de él, hay que desconfiar. En la calle Ocho de Pequeña Habana ocupaba un lugar privilegiado el Centro Vasco del inigualable Juanito, un vascorro recriado en Cuba que huyó por dos veces de las tierras en las que estaba asentado, primero España y luego la isla antillana así llegó Fidel y mandó a robar. Juanito lucía un indomable acento vizcaíno y tenía en su restaurante un auténtico centro de poder e influencia de la ciudad, pero una vez fallecido fue decayendo y acabó cerrando tras un incendio. En realidad lo que ocurrió es que anunciaron la actuación de un artista de la isla y eso sentó como un tiro en los ambientes anticastristas del Miami más severo: el tipo jamás llegó a actuar y las revueltas acabaron en fuego. Nunca se acabó de saber que pasó, pero el restaurante de Juanito, adonde iban los candidatos norteamericanos a la presidencia a hacer campaña, se difuminó. Hoy, para ver una réplica, hay que ir curiosamente al original, en la trasera habanera del hotel Cohiba, donde permanece intacto el original caserío que hubo de abandonar así se lo mangó la revolución. En la calle Ocho sigue Juancho, que no está del todo mal y es lugar en el que uno puede reparar el estómago herido por tanta hamburguesa y tantas french fries de bote.

 

Hablando de hamburguesas: la más sugestiva, no sólo por la calidad de su carne, la ofrece el célebre News Cafe, en Ocean Drive, la calle más famosa de Miami Beach, esa que sale en todas las películas poblada por muchachas siliconadas y efebos de pantalón ceñido y corto. Coches fastuosos, la mansión de Versace y el tránsito incesante de horteras y exquisitos hacen de esta calle un espectáculo recomendable a pie de playa. En el News Cafe, además, puede comprar prensa española y saborear unas patatas fritas particularmente superiores a las que ofrece cualquier lugar del entorno. Si la época no es de calor agobiante, resulta muy recomendable sentarse en la terraza y entretenerse con el desfile de unos y otras.

 

En el mismo Beach, por no salir de él, hay un par de alternativas más, aunque la principal, Prime One Twelve, será objeto de capítulo aparte. Perpendicular a Collins Avenue, paralela principal de Ocean Drive, se encuentra el tramo peatonal de la calle Lincoln. Allí proliferan algunos restaurantes de buena voluntad e impredecible acierto, pero es un paseo divertido y una calle con animación indiscutible. Algún italiano de la zona es aceptable.

 

En la punta del South Beach, donde acaba esa franja larga de hoteles y barcos que es Miami Beach, tiene su asiento el tradicional y múltiple Smith and Wolensky, cadena de comederos de carne de particular prestigio. Ya saben que la carne norteamericana es excelente, aunque la cocinen de forma que no aprovecha al máximo sus excelencias: no la calientan –por dentro queda fría si a uno le gusta poco hecha– y no la salan debidamente. Se trata de pedir que la cocinen rear, filetearla y pedir que le echen sal y la pasen un poco. Así queda excelente. Smith and Wolensky es un clásico con buena bodega y con una terraza imponente. Si quiere otro clásico de elegancia contrastada no deje de visitar The Forge, en la calle 41, siempre sin salir del Beach: selecto, afrancesado, con excelente producto y mejor bodega. No es mala opción; de hecho, a las estrellas les entusiasma. El cambio euro-dólar nos permite comer sin dejarnos media vida en la factura, con lo que la semana que viene hablaremos del downtown y de algunos lugares inolvidables.


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