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24 de marzo de 2017

Un fiscal de Almería


¿Nadie va a llamar la atención a un fiscal que por impericia ha puesto en peligro a una familia?

AL poco de haber dicho por tercera o cuarta vez la frase «Nene, deja el móvil y ponte a estudiar que mañana tienes examen», la madre le arrancó de las manos el teléfono al hijo, no sin forcejeo supongo, ya que un quinceañero, consentido o no, se rebela con furia ante la confiscación de sus «bienes», y le conminó a ponerse a estudiar lo que fuera. Ignoro lo que pasó al día siguiente en el examen de marras, pero sé que el menor, en compañía tal vez de un tercer familiar, se personó ante la Guardia Civil y acusó a su madre de «malos tratos».

El Instituto Armado en lugar de mandarlo a su casa con condescendencia pero también con firmeza, tramitó la denuncia. Que llegó al juzgado correspondiente. Y que debió impresionar tanto a un fiscal de sensibilidad disparada que, después de ser admitida a trámite, elaboró una estupefaciente petición: diez meses de prisión para la madre por malos tratos.

La vista se celebró y el juez, un hombre sensato, sentenció que todo aquello era un disparate y que quitar el móvil a un adolescente gilipollas no era maltrato infantil. Total: tiempo perdido para el juez, que tendrá cosas más importantes a las que dedicar su esfuerzo, y tensión innecesaria para una familia que queda, inevitablemente, tocada tras la decisión de un fiscal tan adolescente, en principio, como el muchacho del móvil. Imaginen por un momento que en lugar del juez Luis Columna de Almería, un hombre con sentido común, tramita el caso cualquier cretino con toga, que los hay, del panorama patrio. Y que decide que, efectivamente, la madre de ese niño sometió a trato vejatorio tipificado, por lo que se ve, en el ordenamiento jurídico español a esa pobre criatura y que la condena comporta entrar en prisión (no estaría de más que nos dijera el fiscal en qué ley española dice que por quitar el móvil a un niñato te corresponden diez meses de cárcel).

¿Nadie se da cuenta, excepto el juez decano, que eso supone el fin de esa familia y el fin estructural de ese adolescente mal inducido? ¿Nadie se apercibe de la pérdida de tiempo que supone para la Administración de Justicia debatir estupideces como la presente? ¿Nadie va a llamar la atención a un fiscal que por impericia ha puesto en peligro a una familia y ha hecho perder tiempo a la burocracia judicial? ¿Tampoco al fiscal Jefe que visó la acusación?

Alguien dejó dicho que el ejercicio de la Justicia debe recaer en gente con templanza que si, además, sabe Derecho, ejercerá su labor con provecho para la sociedad. En el caso de esta, supongo, perpleja madre de El Ejido, Almería mía, nadie dará crédito a lo ocurrido. Celebremos que la cosa acabó bien y que, con el tiempo, todo quedará en una anécdota para contar en las comidas de Navidad. Aunque ha estado a un milímetros de transformar una unidad familiar en un zafarrancho irrecuperable.


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