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6 de enero de 2017

La izquierda y su fracaso anunciado


Víctima de su situación convulsa, el socialismo apuesta por desmarcarse de cualquier atisbo negociador

LE hemos visto la espalda al Rey Baltasar, con lo que podemos decir que esto se ha acabado. A la hora en la que usted está leyendo amablemente este artículo, en el caso de que sea tempranero, Sus Majestades andan camino de su casa habiendo sembrado previamente de ilusión y regalos la inmensa mayoría de los hogares españoles. La inclemencia de las horas me obliga a escribir estas líneas antes de que las cabalgatas se produzcan, con lo que no sé si el caso de flagrante pederastia política de la cabalgata de Vich se ha producido en todo su alcance mediático merced al servicio infatigable de TV3, si la Cabalgata del Madrid de Carmena ha estado plagada de las mamarrachadas que le son propias al equipo de gobierno de ese ayuntamiento, o si la seguridad ha sido absoluta y todo el esfuerzo realizado ha conseguido que todos estuviéramos tranquilos.

El tema hoy es ya otro, aunque llevemos no pocos años al retortero. Al grano: ¿va la izquierda española a conducirse por la senda del acuerdo y la negociación o va a dedicarse a la radical apuesta del todo o nada? Ayer reflexionaba al respecto Nicolás Redondo afirmando que sería muy conveniente para el PSOE y las centrales sindicales exiliarse del previsible fracaso que supone cerrarse en banda a cualquier pacto puntual sobre cuestiones importantes. El fracaso de la izquierda europea es, en cualquier caso, dominio de debates largos: tiene ocupados a muchos pensadores y no pocos políticos continentales, pero hasta ahora no ha llegado a ningún puerto intermedio desde el que se vislumbre a lo lejos alguna idea interesante. En España aún anda la izquierda populista escribiendo reinvenciones acerca de la Transición y el supuesto conjuro con el que el maldito «establishment» franquista se perpetuó a sí mismo al objeto de seguir robándole al pueblo sus derechos y su dinero.

Esa idiotez histórica se la han creído unos cuantos y lo malo es que hay una sección de la izquierda supuestamente moderada que también la subraya: es la izquierda del «No es No», la que quiere recuperar no sé qué PSOE, la que abre oficinas alternativas y la que entiende que su futuro está ligado a los populismos aterradores aunque no quiera calificarlos de tales. Mientras el socialismo racional no se separe de esa izquierda extrema emocional y pueril, habrá poco que hacer. Ahora mismo, víctima de su situación convulsa, el socialismo apuesta por desmarcarse de cualquier atisbo negociador que no suponga la demolición de todas las medidas tomadas por el Gobierno de Rajoy, bien sea en ámbito presupuestario o laboral. Los datos de empleo de este último mes han demostrado varias cosas: que con elasticidad se crea empleo y que con estabilidad se podría haber creado más.

Sin embargo el PSOE anuncia que su enmienda a la legislación laboral que ha favorecido la creación de casi 400.000 empleos va a ser total. Es decir, entre el todo o la nada, la nada. Sin flexibilidad, sin ganas de encuentro, sin matices. La nada. Aliado con individuos que la historia reciente ha demostrado que al PSOE no le conviene ni acercarse, la oposición socialista quisiera, según dice, revertir totalmente la situación y volver a la legislación que no impidió que se alcanzara el número de parados demoledor del que venimos. Otrosí las centrales sindicales, a punto de ser arrastradas por el viento de los días, incapaces de analizar desde un mínimo de optimismo la imperiosa necesidad de amoldarse a los tiempos laborales que nos ocupan. Deberían sindicatos e izquierda supuestamente moderada echar un vistazo a su alrededor con una agudeza visual mayor de la que emplean para analizar el presente. España se lo agradecerá y su electorado encontrará trabajo antes de perder el tiempo en escuchar las explicaciones que le dan por no haberles creado empleo.

 


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