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23 de junio de 2001

La desidia


Dice la voz popular que si hay que contratar servicios privados para casi todo -planes de pensiones, seguros médicos, guardias jurados- que permita entonces la autoridad se detraiga ello de los impuestos. Que de no ser así habrá que hacer como mi admirado amigo Gonzalo, que dice que él paga el IVA encantado, pero que vaya Hacienda a cobrárselo a casa, que él no hace de cobrador de nadie.

Esa misma voz popular se pregunta cómo resulta posible que el ciudadano moldavo que ha provocado todo este triste debate después de haber asesinado, herido y violado, estuviera no sólo en España, sino tan campante por la calle. Los mismos responsables políticos que han estado haciendo posturitas de fariseo sofístico, son los que ahora piden explicaciones por la impunidad del sujeto. Los legisladores acomplejados e irresponsables que han instalado este clima de permisividad y casi impunidad muestran su escasa talla política echando balones fuera. Nadie se planta frente al problema admitiendo que nuestro sistema penal es laxo, abúlico y desmadejado.

Quieren retirar la atención del verdadero centro de la tragedia polemizando acerca de lo que tardó o no tardó la policía: esa no es la cuestión. La cuestión es saber por qué un individuo con esos antecedentes estaba en España y estaba suelto. La voz popular, la misma que pone y quita, no habla hoy de la rapidez de la policía -esa que paga con los impuestos pero que no llega a todos y que debe ser sustituida por vigilantes-; esa voz mira una vez más al Parlamento y a los Juzgados y pregunta por asuntos que nadie sabe responder: unos porque prefieren seguir viviendo en esas verdes praderas de sus arcadias políticas y otros porque se esconden en su propia desidia. Entre la hipocresía de los políticos y la incuria de los jueces el país se llena de Petros Arcanes tan libres como usted y como yo. Que den una explicación. Que digan los legisladores por qué no son capaces de poner a cada uno en su sitio y que digan los jueces, si tienen cojones, que no creo, por qué no lo habían metido en la cárcel. De haberlo hecho, una familia estaría viva.


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