22 de agosto de 2019
 
   
     
     
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28 de abril de 2001

Follía


Se llama Jordi Follía, es el máximo responsable de la red de carreteras de la Generalitat de Cataluña, es decir, de todas las vías, autopistas y caminos de esta Comunidad, y su última hazaña consiste en haber cambiado toda la denominación de las carreteras catalanas, vengan de donde vengan y vayan a donde vayan. Lo que antes era la Nacional II ahora es, un poner, la C-23 y lo que se conoce como la A-19 ahora está rotulada como C-5. Así con toda la «xarxa» que cruza el Principado. El que llega desde Zaragoza ve como al entrar en la provincia de Lérida cambia la denominación de esa pista y el que viene de Valencia se encuentra, de repente, con que su camino ya no es el mismo. La medida de Follía ha desesperado a los conductores catalanes y foráneos, los cuales no entienden como una misma carretera cambia cuatro o cinco veces de nombre siendo la misma mientras se preguntan por qué una autopista tiene que llamarse de diferente forma según se pase por Castellón o por Tarragona. El cambio, además, no es completo, añadiendo, por lo tanto, la sorpresa continua de volver a encontrarte con el nombre que kilómetros atrás habías abandonado. No sólo los conductores se acuerdan a diario de Follía, incluidos los nacionalistas, sino que todos los editores de mapas de la Comunidad están que trinan porque ahora tienen que comerse los más de dos millones de mapas que acababan de confeccionar. Se supone que Follía ha querido diferenciarse de la rotulación «del resto del Estado» de la misma manera que las diferentes autoridades autonómicas se empeñan en no llamar AVE al AVE, sino TAV, no vaya a ser que su boca quede intoxicada con eso de Alta Velocidad ESPAÑOLA (algún guasón ha propuesto que le llamen Alta Velocidad Estupenda y problema zanjado). Otra genialidad más de las lumbreras políticas Convergentes, tan empeñadas ellas en no mezclarse ni confundirse con la chusma española.

Por cierto, «follía» en un catalán poético y simbólico, quiere decir «locura», lo cual ha desatado no pocas guasas en Cataluña. ¿No es maravilloso?


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