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30 de septiembre de 2000

Querido Heberto


La muerte del notabilísimo poeta cubano Heberto Padilla habrá impulsado a algunos a dejarse caer por las librerías y a cometer el infrecuente acto de comprar un libro.

Acostumbra a ocurrir cuando un autor muere. En el caso de Padilla va a coincidir el deseo de unos de conocer a ese escritor del que apenas saben que fue un exiliado y el apercibirse otros del alcance de una de las tiranías mejor engrasadas del mundo: la castrista. Heberto & 151;con el que hablé hace apenas dos semanas y al que pude despedir al pie del féretro& 151; sufrió, como saben, el rigor estalinista de los primeros vapores de Castro y fue el detonante del desencanto & 151;moderado, en cualquier caso& 151; de la clase intelectual de los setenta hacia una revolución que estaba empujando al exilio a buena parte de sus pensadores.

Vivió en La Florida el mismo drama que tantos otros hijos de uno de los países más apasionantes de la tierra: hubo de pasar un tiempo pidiendo perdón por haber sido víctima de Fidel y otro tanto demostrando su indiscutible clase como narrador, ya que la complicidad que ha conseguido el comunismo cubano con los hijos de los sagrados dogmas izquierdistas ha obligado a sus críticos a demostrar permanentemente su talento y ha permitido a sus aduladores vivir, muchas veces, del cuento. Hacerse con un libro de Heberto Padilla es regalarse un doble placer: leer a un gran autor, al creador de Fuera de Juego & 151;un poemario con el que desnudar a un régimen& 151;, y comprender a una generación que ha visto morir en la injusticia a sus creadores más polémicos, desde Severo Sarduy a Reynaldo Arenas. Y, de paso, es también evidenciar a tanto mentecato que sigue sin atreverse a denunciar esa reducción al absurdo que encabeza las proclamas revolucionarias: íSocialismo o Muerte! Proclama que, a veces, no pasa de ser una mera redundancia.

La muerte de Heberto, en la Patria reconstruida del exilio, se hace un soplo de vida en tanta conciencia narcotizada por los restos del gran naufragio ideológico del siglo XX: eso que algunos han llamado el fascismo de izquierdas.
 


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