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2 de enero de 1999

A propósito de Chaves


«Ahí está, convertido en el político con más iniciativa y con más vista estratégica en toda la oposición»

Eran pocos los que confiaban plenamente en él, pocos. Decían que tenía aspecto de jefe de Recursos Humanos de empresa automovilística; o que, por seguir en esa rama, basaba su capital político en ser de esa clase de personas a la que se le compraría un coche usado con toda confianza. Y eso lo decían los suyo. Los otros, los de enfrente, hablaban de un hombre anodino, algo taciturno, sosón y torpe que no iba a durar en el cargo más allá de unas elecciones. Que lo de Andalucía era una salida digan y forzada, previa a su marcha definitiva. Lo despreciaron y se equivocaron. Hicieron algo parecido los suyos con Aznar. Bueno, pues ahí está, convertido en el político con más iniciativa y con más vista estratégica en toda la oposición. Ahí está el mismo Manolo Chaves que salió del Gobierno de la Nación después de que Alfonso Guerra se merendase al último presidente andaluza, Borbolla, cocinándolo a fuego lento y sirviéndolo frío como un mousse. Este arriesgado e imaginativo Chave es el mismo que tropieza en algunos escalones del lenguaje y que viste trajes gris plomo; el mismo con el que se ceban cariñosamente los humoristas; el mismo al que señalaron Alfonso y  Felipe, un mal día de este último, para hacerse cargo del taller, allá por el 90 (que lo cuente algún día; no es partidario, pero debería hacerlo). Es el mismo Chaves que en el último congreso socialista supo quitarse de en medio cuando González arrastró a Guerra en caída libre al pajar que había colocado en el suelo por si acaso. Vio que el consenso quedaba sólo en los abrazos y que aquello empezaba a parecerse a una verdulería; dijo que los andaluces le habían elegido y que tal y tal, y que pensasen en otro. Y así salió Almunia. Y cuando Borrell surgió del frío, como un mal sueño para muchos socialistas de despacho, nuestro hombre fue el primero en temerse lo peor. En su entorno se acuño aquella pregunta que tanto juego dio a los comunistas: «¿Cuántos ministros han votado a Borrell en las primarias?: uno solo, y no coincidió con él en el mismo Gobierno».

Este Chaves es al que le debe el Partido Socialista alguno de sus mejores momentos. Porque desde el profundo sur ha urdido mecanismos políticos para escapar del círculo de soledad al que le han sometido las urnas y que han servido, de paso, par enganche de políticas nacionales de algunos más. Cuando Chaves soltó el asunto de las pensiones no contributivas calculó magníficamente el golpe y les señaló el camino a otros pegadores. Vio el hueco por donde llegar a la mandíbula y soltó l mano sabiendo muy bien lo que hacía. El debate quedaba servido: ahora, que siguieran los otros. Gracias a él encontraron sus compañeros de banquillo un asunto con el que entretenerse durante media temporada; un asunto perfecto, irreprochable hasta por el Constitucional: nunca unos pocos de miles de millones fueron tan rentables.

Ahora estamos con los funcionarios y con la cosa de sus sueldos. Ha saltado el señuelo y algunos han picado ya. Parece que va a desestabilizar los Presupuestos, el Estado de Derecho, las cuentas de la Función Pública… y luego, si te fijas, no pasa de ser una provocación. Pero ha ganado ya dos días de controversia, dos días de debate y una fila de continuadores. ¡Quién le iba a decir a Chaves que Pujol iba a convertirse en su mejor seguidor! Resulta que hay unos fondos de uso discrecional que permiten subir el sueldo a los funcionarios (que llevan ya no sé cuántos años de congelación); Chaves los usa y consigue el doble efecto siempre deseado por los políticos: gusto a los tuyos y escozor a los contrarios. Si además de todo eso utilizas con habilidad el asunto del censo, ya tienes media campaña hecha (nadie en la oposición a Chaves, o sea en el Gobierno, ha sabido explicar que lo del censo es una verdad a medias, que es un criterio ponderativo que si se cambia, y pude cambiarse, no va a reportar más dinero a Andalucía, pues hay lo que hay y las demás Comunidades rápidamente ajustarían otros criterios tales como el territorio, la densidad, la dispersión o la insularidad).

Ahora van a bombardear España con asuntos que conciernen a los pensionistas y que en la Comunidad más poblada suelen calar sensiblemente. Veremos cómo contestan los socialistas, que demuestran indudable brillantez para las respuestas rápidas. Sin tener muchos argumentos que oponer a los resultados económicos de Rato y Pimentel, alguno se sacarán de la manga para que respire Almunia. Lo sacará Chaves, igual que ha sacado de su manga el alivio de lo de la elección del director general de la Televisión Pública diciendo que el que debe marcar la pauta es el Gobierno central: que haga la norma, que ya la seguiremos los demás.  Él sabe que no es así, pero en política cuenta tanto la cintura y el baile de pies como la pegada.

Lleva veinte años en política y sólo se sabe de él que va de vez en cuando al cine, que le gusta correr de par de mañana y que acaba de comprarse un piso, el primero de su vida. Para la edad que tiene no está mal. Le han querido involucrar en el caso Sanlúcar, pero hasta los mismos que lo han sugerido saben que no hay nada de eso.

Otra cosa es que sea gracioso, que no lo es, ya lo sé.


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