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16 de diciembre de 2000

La nuez de Paco


Paco era un plomero. Paco arreglaba tuberías, y, en sus ratos, se dedicaba a desatascar problemas de la colectividad de un pequeño pueblo de la Cataluña que le acogió, años atrás, después de que éste dejara La Carolina. Ese es mucho peligro para la libertad de la supuesta Euskalherría. Así no se puede ser libre. No hay pueblo que aguante la opresión que significa un tipo sencillo revisando tuberías en la Cataluña profunda. Hoy respirarán aliviados sus ciudadanos: Arzallus ya tiene otra nuez más con la que construir su locura racista. ¿Qué hacen, entretanto, esa pandilla de miserables Covergentes? Tal vez estén sopesando un nuevo paso agresivo en su magnífica política de gestos, esa que consiste en no hacer nada. Hoy puede que decidan sí suspender una entrevista más o ponerle nuevos peros a cualquier comunicado o exigir cínicamente algún tipo de «diálogo». Harán como hicieron en la Ley de Extranjería: estar pero no estar, apoyarla pero quietarse, componer su figura rechoncha y resultona para la foto. Harán lo que vienen haciendo desde hace tantos años: quitarse de en medio, no comprometerse si eso no les reporta beneficios económicos claros con los que mostrarse ante su camada como los grandes logreros de la rapiña. Habrá de llegar el día en que alguien pida cuentas a ese grupo pamplinoso y tibio que sólo es capaz de aportar su ayuda si a cambio se llevan una buena mordida. Mientras llega ese día, seguirán solidarizándose horizontalmente con esos partidos que tanto dicen hoy llorar pero que siguen mucho más cerca de los asesinos que de Paco. A la Mafia Nacionalista no le conmueve que Paco haya volado por los aires: ese sea, tal vez, el paso desagradable que haya que dar para cumplir así sus sueños soberanos y separatistas en los que la gente como Paco no cabe. Siento hoy, el día en que los andaluces hemos vuelto a poner el muerto en esta guerra, profundo y hondo desprecio por aquellos que siguen siendo timoratos, miserables, equidistantes. De nada servía limpiar tuberías, Paco, cuando las ratas se obstinan en guardar en ellas todas las nueces que pacientemente van recogiendo.


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