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7 de abril de 2022

¿Pero alguien creía que iba a bajar los impuestos?


Puede que Feijóo supiera de antemano que ir de romería a La Moncloa era como ir a buscar agua a un secarral

Quiero imaginar que a nadie habrá de sorprenderle el hecho de que de la primera reunión de Sánchez con el nuevo líder del PP no haya surgido ningún acuerdo trascendental para el país. Cuando uno va a visitar a semejante individuo a La Moncloa sabe que solo le cabe la sumisión. En el imaginario de nuestro Robin Hood solo es contemplable el cabezazo, y lo que no sea eso es, ya sabemos, jugar a ultraderechista y ser enemigo acérrimo de la España diseñada desde los planes quinquenales del sanchismo.

Puede que Feijóo supiera de antemano que ir de romería a rendir pleitesía a la advocación socialista del momento era tan estéril como ir a buscar agua a un secarral. Nadie está en condiciones de plantearle a un socialista dogmático y enfermizo la posibilidad, la necesidad incluso, de bajar impuestos. No está biológicamente preparado para ello. Su plan consiste en quitarle el dinero a la gente para poder gastarlo en subvenciones a esa misma gente y así recordarles que viven gracias a su generosidad. Es el dibujo del socialismo. Feijóo pretendía, nada menos, que el Gobierno rebajara la imposición fiscal para compensar el empobrecimiento de la población por la inflación y que el Gobierno, en compensación, rebajara gasto público. Es un imposible: los actuales dirigentes políticos de España quieren que creamos que si obran así pondrán en peligro el bienestar social español, y se empeñan en que creamos esa mentira colosal. En realidad no bajan los impuestos con la excusa de que eso acabaría con la sanidad para no renunciar a lo suyo, a esa industria política que tiene miles de millones para ahorrar sin tocar los servicios públicos esenciales. No se pone en marcha ya que supondría recortar, en primer lugar, el capítulo primero de sus gastos, que no es otro que la estructura del propio Gobierno, repleta de cargos hipertrofiados en tontería y presupuesto en virtud de sus acuerdos políticos con sus socios parlamentarios.

Dice la Airef que hay 14.000 millones de euros en subvenciones que no tienen control y no saben para qué han servido. Dice el Instituto de Estudios Financieros que hay 60.000 millones de gasto ineficiente. Estudios independientes señalan que hay 14 puntos de diferencia con la media de la OCDE en eficiencia del gasto. Ya puede presentarse Feijóo en el palacete del individuo en cuestión y decirle que cierre observatorios, fundaciones, institutos y chiringuitos de los implantados en cada pueblo para dar trabajo a sus amiguitos, ya puede reclamarle que no cree más empleo público artificial o que se baje de vez en cuando del Falcon: todo es absolutamente inútil en el esquema mental de un sujeto que cree en la pirámide de gasto que alguien vendrá a solucionar cuando él no esté. La gran falacia de Sánchez consiste en decir que no puede bajar impuestos si se quiere que tengamos hospitales y colegios; el gran acierto de Feijóo será no creérselo y exigirle a semejante cuentista una mínima parte del esfuerzo que llevan haciendo los españoles a lo largo de este inacabable gólgota que llevamos viviendo merced a su incapacidad y estulticia.


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