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5 de noviembre de 2021

Los muertos de Kevin Cui


En España matar con un coche sale prácticamente gratis

España, su Administración de Justicia, resiste poco la comparación de la aplicación del Derecho, que no es exactamente lo que conocemos como ‘Derecho Comparado’ -contrastar las diferencias de contemplación del delito en diferentes realidades nacionales-, pero que puede servirnos para evidenciar la diferencia escandalosa de aplicación de penas entre delitos de muy diversa índole. Un delito de corrupción mediante el cual unos individuos juntaron bastante dinero a base de compincharse con diversas administraciones locales se ha pagado en varias sentencias con severos años de cárcel. Hablo del caso Gürtel y de tres condenados a doce años de prisión -que cumplirán con pocas contemplaciones- por haber organizado irregularmente un pabellón en Fitur y, se supone, haber obtenido pingües beneficios por ello. Doce años pidió el fiscal y la juez no tuvo ningún interés por moderar esa sentencia, a todas luces abusiva. Doce años y a mí dejadme de problemas, que yo tengo otras cosas de que ocuparme.

Sin embargo, cuando se compara este asunto con otras sentencias en casos en los que ha mediado la muerte de un ser humano, uno tiene derecho a preguntarse legítimamente si la Justicia española no dispone de elementos de comparación elemental que eviten el bochorno de la desproporción. Ejemplo: el caso de los kamikazes borrachos y drogados que arriesgan su vida en correrías por autovías en sentido contrario y que se llevan por delante la vida de un inocente. Se trata del caso de Kevin Cui: intoxicado hasta las trancas merced a todo tipo de sustancias, giró su coche en una autovía de circunvalación de Madrid y circuló a toda velocidad hasta estrellarse contra el coche de un hombre joven que había madrugado para acudir a su trabajo. Lamentablemente, murió ese hombre joven y no Kevin Cui, el cual, después de ser juzgado y considerado culpable, ha sido condenado tan solo a nueve años. Nueve años, en los que conseguirá los beneficios que se deriven del interés de las instituciones penitenciarias por obtener estadísticas de excarcelación -que, al parecer, también comportan pagas extraordinarias-, y que significarán su libertad en pocos años. Los del ‘stand’ de Fitur saben que no van a conseguir ni un fin de semana: serán doce años a pelo. Dos borrachuzos sin puntos en su carné de conducir se picaron en la M-30 de Madrid hace pocos días, cargados de cocaína y cannabis en su sangre, conduciendo a toda velocidad, temerariamente, y provocando la muerte de un tercero, un médico madrileño que también acudía a su trabajo. A esos dos sujetos indeseables se les ha dejado en libertad citándoles tan solo a comparecer en próximos días en el juzgado: ¿no merecían siquiera algunos días de cárcel preventiva antes de decidir el alcance de su responsabilidad?

En España matar con un coche sale prácticamente gratis. Tanto es así que el padre del joven al que mató Kevin Cui se ha ahorcado a las pocas horas de saber que la muerte de su hijo costará a su asesino solo unos años en prisión. Que pese en la conciencia de quien corresponda.


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