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25 de junio de 2010

La patria y un par de cursis


Darle la espalda a la Patria es como dar la espalda a la Historia y jugar a ignorar la que no nos complace

LOS representantes de una asociación de Guardias Civiles malagueños han elevado un escrito a los superiores administrativos de la provincia al objeto de reclamar que se suprima el lema «Todo por la Patria» que figura en los cuarteles del benemérito cuerpo. Alegan que es una losa franquista que marca de forma negativa a todos los hombres y mujeres que, de forma abnegada, dan todo precisamente por la Patria. Eso último no lo dicen ellos, lo añado yo. Sugieren que el lema tuviera mejor que ver con la organización democrática del Estado y así colgar en todas las fachadas un «Todo por la Democracia» que no hace sino remitirme al inolvidable Agustín de Foxá para adaptar una de sus afiladas dagas verbales al caso: eso sería como poner «Todo por el Sistema Métrico Decimal».

A algunos Guardias Civiles, respetables por el mero hecho de serlo, me temo que les ha entrado un ataque de cursilería, que es precisamente lo último que se espera de un Guardia Civil, uno de esos refugios en los que la Patria se siente como en casa, segura, al abrigo de insidias. La Patria no puede pertenecer a un pasaje intensamente corto de la Historia, ya que sería como jibarizarla al servicio de intereses excesivamente coyunturales: la Patria no desaparece cuando lo hacen quienes la mentan, ni resurge cuando vuelven a nacer diferentes traductores sociales.

La Patria, aunque les moleste a aquellos que siguen empecinándose en atribuirla a Franco, aunque les irrite a quienes preferirían que no existiera, vive a través de los días, nace cuando nace el primer individuo que la reconoce y muere cuando muere el último que la sustenta. Y en medio ya puede haber franquismo, borbonismo, repúblicas, restauraciones o lo que se les ocurra. Podemos ignorarla, hacer como si no existiera, vilipendiarla, sustituirla por cualquier nihilismo de moda, jugar a descreídos, relativistas, universalistas, marcianos o iconoclastas, pero la Patria está ahí, renovando latidos día a día, presente en los detalles más ínfimos y protagonizando sueños o escenificando pesadillas.

Darle la espalda a la Patria, o jugar a creer que es sólo la lengua, o la infancia, o la cartera —las tres forman parte de ella, ciertamente—, es como dar la espalda a la Historia y jugar a ignorar la que no nos complace. El Ministerio de los Asesores de Defensa, en el que hay alguno que justifica plenamente el echar a correr y no parar hasta llegar a Bujalance, acaba de retirar del Museo del Ejército —o planea hacerlo— el pasaje en el que se recuerda el asedio del mismo por las tropas republicanas y el aguante inverosímil del General Moscardó, Coronel entonces, al que incluso le mataron un hijo a sangre fría con la intención de que se rindiera. No se rindió, como sabemos, pero para algún cretino que confunde la memoria con las consignas, ese momento no debe ser recordado: si la historia no coincide con lo que hubiéramos querido de ella, la suprimimos y a otra cosa.

El asunto del lema de la Guardia Civil ha quedado zanjado con la habitual frase de «no es prioridad entre los problemas del Cuerpo», que es una forma débil de quitárselo de encima. Tal y como son quienes gobiernan es una quimera pensar que alguno hubiese reivindicado la Patria y el servicio a la misma que tienen encomendados los Guardias, incluidos los cursis. Pero algo es algo. Posiblemente, todo lo que se les puede pedir.


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