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26 de junio de 2020

La cloaca eres tú


Las cloacas, como las alcantarillas en las ciudades, existen, y son necesarias porque defienden al Estado

El caso Dina, que también es el caso Villarejo, está siendo el caso Iglesias y no habrán de pasar unas lunas para que sea, por igual, el caso Marta Flor. No sé si tienen noticias de Marta Flor. Es abogada del equipo jurídico de Podemos, equipo que ha llegado a liderar después de varias carambolas no necesariamente ejemplares. Es a quien el juez García Castellón ha apartado de la investigación, advirtiendo a Dina que se busque a otro abogado. ¿Y quién es Dina? Una asistente de Pablo Iglesias a la que robaron el móvil, cuya tarjeta acabó en Interviú, la revista, después de que ella denunciara la desaparición. Esa tarjeta revelaba información sensible y conversaciones con Pablo Iglesias; desde Interviú se la hicieron llegar a él, que la ocultó seis meses y, previo paso por un microondas, la intentó dañar sin acabar de conseguirlo. Marta Flor, abogada de Dina, más ha parecido la abogada de Iglesias. A Dina, Podemos le ha abierto un chiringuito digital en forma de periódico, que ya pueden imaginarse que clase de bodrio es. El juez ha recriminado a Marta Flor por hacer que su defendida cambie una y otra vez la versión de los hechos para defender a un Iglesias que puede acabar encausado en el Supremo. Podrá exhibir toda su facundia fermentada sobre las supuestas cloacas del Estado, que, si al final, el juez ve delito, tendrá que dar cuenta de ello ante un tribunal. El desarrollo de este thriller deparará grandes momentos, por lo que les aconsejo que no pierdan hilo. Pero, lógicamente, hay más.

Podemos tenía en la persona de José Manuel Calvente, abogado, una suerte de vigilante de asuntos internos al uso del que tienen los policías de las películas. Para ese departamento fue contratada Marta Flor, que paso a paso y codo a codo fue acercándose a la cumbre. Cuando Calvente advirtió en el Partido que se habían detectado sobresueldos en black y se había despedido a trabajadores sin cumplir la ley, su suerte quedó echada. Por si fuera poco, quiso apartar a Marta Flor del equipo jurídico porque había constatado que ésta mantenía una relación íntima con el fiscal anticorrupción encargado del caso Dina, lo cual constituye un escándalo de aúpa. «Ironman», como conocían en clave al fiscal Stampa, habría filtrado información privilegiada a Marta Flor, la cual habría servido para la defensa de Iglesias. No tanto para la de Dina Bousselham. Cuando Calvente advirtió de lo delicado de esa relación, Marta Flor se lo quitó de encima con la más fácil de las acusaciones: acoso sexual. Cuando te acusan de ello, aunque no haya pruebas, date por jodido. A Calvente le acusaron de haber acosado a Marta Flor y le mandaron a la puñetera calle. Marta Flor, por supuesto, ascendió al puesto de su jefe. Calvente tiene en los juzgados este asunto, pero por ahora está en la calle. O en sus cosas.

¿Y qué pasa con Iglesias?: que todo lo atribuye a esas cloacas. Las cloacas, como las alcantarillas en las ciudades, existen, y son necesarias porque defienden al Estado, ese al que Iglesias quiere desmontar para edificar su republiquita bolivariana con vistas a La Habana. Esas cloacas desde las que, supuestamente, se quería acabar con su proyección imparable, son las que, en realidad, protagoniza este charlatán que decía en esas grabaciones que iba a azotar hasta el sangrado a una periodista no de su agrado. El escándalo no lo protagoniza un Estado que por sus husillos ve transitar los detritus de la cotidianidad. El escándalo lo protagoniza una abogada en tratos con un fiscal que utiliza información privilegiada para exonerar de culpa a un sujeto que ha hecho del partido que preside un coto de caza y un parque de privilegios incompatible con la decencia. La cloaca, querido, eres tú.

 


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