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18 de abril de 2003

La torpeza del aspirante


«Al fin, se ha hecho verdad aquello que le espetó en un viaje por Cuba Jesús Caldera, ese genio, a Guillermo Cortázar, responsable de la Fundación Hispano Cubana: “Mira Guillermo, yo estoy mucho más cerca de Fidel que de ti”»

El gran, inmenso, favor que Fidel Castro le ha hecho al PP en el lubrican de esta crisis desmedida y desmadejada no está siendo suficientemente evaluado por los analistas de la oposición. O son torpes o indolentes. Décimo asalto, la cara del campeón desencajada, sanguinolenta, abatida, los ojos prácticamente cerrados, el hígado masacrado, sin sentido de la orientación, incapaz de dar un solo golpe y, cuando lo hace, deja suficiente hueco como para que el aspirante le suelte tres leñazos más. Un desastre. ¿Cómo es posible, entonces, que al borde de sus fuerzas pueda recomponerse ante un opositor que se acaba de despistar por el vuelo de una mosca? Nunca una acción dictatorial ha sido más desafortunada para los viejos compañeros de viaje —cada cual asuma su pasado— que ésta, en la que el cabrón de verde ha dejado suelto su animal de los adentros: el púgil ha saltado de su esquina dispuesto a machacar a quien ostenta la corona de vencedor en las elecciones y ha tropezado consigo mismo, cayendo y abriéndose la nariz. El Campeón no es tonto, y medio ciego y medio grogui aún ha sido capaz de soltar un mano. Así se las ponían al rey Fernando.


Sabiendo el PSOE, como sabía, que al PP le quedaban un par de guantazos se ha dejado ganar por los fantasmas dormidos de su juventud: él mismo se ha tendido la trampa. Hubiera sido sencillísimo condenar categóricamente la dictadura castrista, los fusilamientos, las condenas y seguir con la paliza como si tal cosa. Pero no, antes bien, coge la senda tortuosa y se dedica a dudar los suficientes segundos como para que el otro vea el cielo abierto y se recupere de la paliza. Si no hubiese salido el indecente de Miguel Ángel Martínez poniendo paños calientes a los fusilamientos y a la misma dictadura, si alguien del partido se hubiese presentado ante la Embajada de Cuba a elevar su protesta, si no hubiesen añadido la coletilla esa del bloqueo americano —que es mentira: no hay bloqueo, hay embargo, que no es lo mismo—, si no hubiesen perdido esos primeros y precisos minutos en la eterna indecisión de la izquierda para condenar las dictaduras de su misma mano… no tendría el PP ese pequeño atisbo de satisfacción y respiro. Pero lo han hecho, y ahora toda la palabrería suena a forzada. De Llamazares y de Madrazo no podía esperarse otra cosa que el silencio ante unos fusilamientos de los que, muy en el fondo, a lo mejor no disienten, pero del PSOE; tan contrario a toda idea de represión, cabía esperar mayor agilidad. La misma contundencia que han utilizado para oponerse a la guerra de Iraq y para movilizar todo lo movilizable contra el Gobierno podrían haberla utilizado para criticar sin reservas ni dudas la acción criminal de la dictadura castrista. Los socialistas andaluces, por ejemplo, tan acostumbrados a vacacionar en la isla a cuenta del presupuesto oficial, tampoco tuvieron los suficientes reflejos como para elaborar una protesta la oportunidad: prefirieron ir de la mano de los Antonio Romero y compañía cuando dicen eso de que Cuba debe ser el referente para Andalucía. Dios nos coja confesados a los andaluces, por cierto. Ahora sí, en cuanto se han dado cuenta de su torpeza inicial, muchos comunicados, muchos aspavientos, mucha vestidura rasgada, pero, desgraciadamente para ellos, suena más a haberles pillado con el carrito de los helados que a indudable sinceridad. Les ha traicionado el subconsciente del que se libró el resto de la izquierda europea allá por los sesenta. Al fin, se ha hecho verdad aquello que le espetó en un viaje por Cuba Jesús Caldera, ese genio, a Guillermo Cortázar, responsable de la Fundación Hispano Cubana: «Mira Guillermo, yo es..


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