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31 de mayo de 2015

«Días de ira»


Determinada propaganda lo calificará de libro apocalíptico. Y muchos se lo creerán a pies juntillas con ese aire lanar que caracteriza a algunas capas de población en España. Pero el último libro de Hermann Tertsch no anuncia la destrucción inmediata del planeta ni alerta del inminente desmerengamiento de nuestro país en el horno de la historia. No. Días de ira es un libro analítico escrito desde el pesimismo crítico que alumbra a este reputado intelectual y pensador que en horas libres se dedica al periodismo. Hermann, al que conozco y admiro desde hace muchos años, no siente la imperiosa necesidad de ganar amigos a cualquier precio que sienten muchos de los que escriben o hablan; sabe que cada dardo que suelta le vale un desagrado, algunas veces violento, pero no parece dispuesto a amedrentarse por ello. Como él dice, uno empieza a ser libre el día en que pierde el miedo a que le llamen «fascista». Está claro que en análisis de este tipo caben las demasías, los excesos, lo que hace que no se pueda estar al cien por cien de acuerdo con el autor, o que no muchos lo estén, pero no puede negarse un inequívoco valor para afrontar algunas evidencias que pocos quieren ver en su conjunto.

¿Qué sostiene Tertsch?: que a la vida cotidiana española ha llegado la desconfianza y la mala fe de forma abrumadora en los inicios de este siglo XXI, basadas ambas en dos características políticas que se han instalado en el país desde el advenimiento del zapaterismo, la venganza y el rencor. En ese sentido, el autor trata de desmontar esa mentira oficial de la izquierda española que la derecha permanentemente acomplejada no ha sabido afrontar y que consiste en hacer creer que todo nació tras la muerte de Franco y gracias al impulso que los herederos del Frente Popular dieron al país en la Transición. La dictadura de Franco fue vencida gracias a su heroica resistencia y todos les deben reconocimiento histórico por ello. No obstante, reconoce que Felipe González hizo lo que pudo por meter al PSOE en la socialdemocracia y por establecer un futuro homologable para España, que, por cierto, se deshizo al llegar 2004. ¿Y cuál es la razón para ello?: que Zapatero alumbra el retorno a las banderías, a despertar odios encerrados y a querer corregir la historia setenta años después. Es discutible, si quieren; pero hay evidencias que señalan que el zapaterismo ha sido la vía de entrada para los populismos de los que hablábamos la pasada semana. La incubación de los Podemos, Podéis, Pudieran se produjo en el seno de ese tiempo, de ese concepto revisionista del devenir, de ese regurgitar del resentimiento que se alentó con tantísima efectividad desde el poder. 

Con valentía, Hermann cuenta la historia de su padre, que es media historia de la Europa del siglo pasado y que no quiero desvelársela. Ello me lleva a preguntarme por la hábil escuela habida en España para ocultar el pasado de las familias, cosa muy propia de esas izquierdas o esos nacionalismos que prefieren no recordar lo que fueron sus padres. Y de esas derechas, claro, a las que el autor atiza sin atisbo alguno de piedad. La derecha española, entiéndase el PP, está trufada de mediocres. El Partido Popular, acomplejado desde su raíz, es siquiera incapaz de controlar debidamente los medios de comunicación como hacen sus rivales sin atisbo alguno de complejo. Lo que podría ser una virtud, es decir, permitir el juego plural de todas las tendencias, es para Hermann Tertsch demostración de cómo un torpe puede dejar todas las televisiones en manos del enemigo. Habría mucho que hablar de ello, pero cierto resulta que la tendencia general editorial en España no le es afín a esta derecha tan complaciente, que clama al cielo cuando la izquierda gobierna y pone en marcha su máquina de aplastar disidentes, pero que cuando está en el poder no sabe quitarle instrumentos a sus enemigos.

La pregunta que nos debemos hacer es: ¿lo que describe Tertsch es una mala noche en una mala posada o es sólo el comienzo de un tiempo de autodestrucción que no espera? Si tras leer el libro llegan a alguna conclusión, espero que alcance un sereno equilibrio entre optimismo y realismo.


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