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15 de noviembre de 2015

La verdad de Mapes y Rather


Hacía meses que no me dejaba caer por una sala de cine. ¿Qué me motivó a ocupar una tarde de domingo asistiendo a las peripecias de una periodista estadounidense a las órdenes del gran Dan Rather?: el relato periodístico norteamericano, que me resulta icónico.

Mary Mapes, interpretada por Cate Blanchett, acababa de firmar un importante scoop sobre las torturas a presos en las cárceles de Abu Ghraib. Estaba en racha. Rather era la leyenda de los informativos vespertinos en Estados Unidos amén del conductor del informativo semanal 60 minutes, que estrenara Don Hewitt cincuenta años antes. Todo en la poderosa CBS. A Mapes le llegaron unos documentos que supuestamente probaban que George Bush había evitado ir a Vietnam refugiándose en la Guardia Nacional de Texas mediante recomendaciones poderosas y desentendiéndose, además, de sus obligaciones. Demasiado atractivo. Estábamos en plena recta final de la campaña presidencial que enfrentaba a Bush contra Kerry y una información de ese tipo podía desbaratarlo todo. Bush había ganado anteriormente a Gore por tan sólo 537 votos y mediante la decisión del Tribunal Supremo norteamericano, con lo que otro asomo de irregularidad podía convertir esas elecciones en un nuevo escándalo político.

La tentación, digo, era mucha. Mapes, con autorización de Rather, investigó la autenticidad de esos documentos, que no eran sino el testimonio de la época de algunos mandos intermedios de la Guardia Nacional. Se pidió opinión a expertos y estos mostraron división de opiniones, ya que los folios eran fotocopias, no originales. Había que decidir, con las prisas de quien tiene sólo unos días, y decidieron tirar hacia delante. Mapes sostenía que de haber tenido esos miramientos el Washington Post nunca habría destapado el caso Watergate. Se emitió el programa en el que se sostenía que Bush había mentido sobre su servicio militar y había hecho dejación de sus deberes patrios en aquellos años de Vietnam. Un pecado mortal para un aspirante a presidente. Fue, evidentemente, una bomba.

Al día siguiente, muchos cuestionaron que esos documentos estuvieran escritos con una letra no existente en el 72, entre otras cosas. Aseguraban que se habían falsificado burdamente con Microsoft Word. La pelea entonces estuvo en demostrar que eran verosímiles, pero la cadena comenzó a dejar a su suerte a Mapes y a Rather por no haber verificado bien sus fuentes. Obligaron a Rather, a los doce días, a pedir perdón en directo por no certificar a fondo su documentación, además de entrevistar al coronel que filtró los documentos y obligarle a confesar que había mentido sobre la veracidad de los mismos.

Aquella elección era casi un referéndum para respaldar la política americana en Irak. El reportaje de Rather y Mapes podía dañar seriamente a los republicanos, que acusaban a la pareja de trabajar para los intereses de los demócratas. Un comité externo contratado por la CBS determinó que habían actuado con irresponsabilidad y ambos fueron despedidos, aunque de forma distinta: a Mapes la pusieron en la calle y a Rather cuarenta años en el informativo más prestigioso le obligaron a dimitir y despedirse en directo.

Jamás se demostró que fueran documentos ciertos, pero tampoco se demostró que fueran falsos. De hecho, la Casa Blanca nunca negó que la historia fuera tal cual. Sólo insistió en que las pruebas no eran fiables. Bush renovó la presidencia cuarenta y tres días después de esa emisión con tan sólo dos puntos de diferencia conseguidos en Ohio con Kerry.La historia quedó enterrada. Ahora la revive esta película inquietante, aunque algo parcial. Sólo se conoce en ella el punto de vista de Mary Mapes, ya que está basada en un libro suyo escrito como descarga.

¿Qué tan distinto hubiera sido el mundo si las sospechosas papeletas mariposa de Florida hubieran sido tenidas en cuenta y Gore hubiera ganado las elecciones? ¿Qué hubiera cambiado si Kerry, hoy secretario de Estado con Obama, hubiera derrotado a Bush de haber sido cerciorado el reportaje?

Dice Mapes/Blanchett a la Comisión que la interroga: «¿No les parece indiciario que quien supuestamente haya falsificado estos documentos supiera qué letra se utilizaba entonces, qué lenguaje era el propio, qué pensaban del candidato los superiores de Bush, cómo funcionaba la Guardia Nacional o cuáles eran las firmas de los mandos intermedios?».

¿Otra teoría de la conspiración? 

 


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