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19 de diciembre de 2010

Que se diviertan con su dinero, no con el nuestro


Unas semanas atrás, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía editó una guía para evitar el «androcentrismo» («tontocentrismo», según García Barbeito) mediante la cual se nos insta a los ciudadanos a adoptar una nueva costumbre en comunicaciones verbales y escritas que eviten el sexismo del habla cotidiana. He dejado pasar unos días por si mi interpretación era incorrecta y alguien de dicha Consejería comparecía en público para asegurar que había sido una precipitación o una broma y que, en el fondo, no querían decir en serio lo que decían. Pero no ha sido así, y los tres siesos que aparecieron para presentar esa basura pedagógica con ansias intervencionistas, por lo visto, hablaban en serio. La Junta de Andalucía considera que somos poco menos que machistas indecorosos por utilizar la expresión «futbolistas» para referirnos a los jugadores de fútbol: en el nuevo lenguaje políticamente correcto debe decirse «quienes juegan al fútbol» («¡ya están en el terreno de juego quienes juegan al fútbol!»). Por igual con un «actor», que debemos pasar a llamar «persona que actúa» («¡felicidades a Menganito, Oscar de Hollywood al mejor de quienes actúan!»). «Persona sin trabajo» por «parado» y «el señor Páez estuvo muy brillante en su intervención y su acompañante, la señora Martínez, realizó aportaciones muy inteligentes» por «el señor Páez estuvo muy brillante en su intervención y la señora Martínez iba muy elegante» (aunque no realizara aportaciones interesantes y sí fuera elegante). Coincidió la presentación de esta gilipollez con unas jornadas patrocinadas también por la Junta en las que juntaron el feminismo y el ecologismo en una resultante denominada «ecofeminismo» que viene a ser, según un consejero del Gobierno andaluz, «una mirada de género en el Medio Ambiente relacionada con la sostenibilidad y la igualdad, porque la desigualdad también es insostenible». Por lo visto, ecologismo y feminismo «comparten partida de nacimiento» y, como aseguró una de las sesudas y narcotizantes intervinientes, «la lectura feminista del paradigma de desarrollo humano sustentable permite considerar un acuerdo básico con sus planteamientos, principios y objetivos y la necesidad de incorporar a su epistemología, la perspectiva sintetizadora, integral y compleja: género-clase-edad-raza-etnia, capacidad, así como de condición legal, situación pacífica o de conflicto, zona devastada o próspera, cultura y mundo». Y pensar que yo me perdí esas jornadas. Por nada del mundo me lo perdono.

Ante un panorama de un millón largo de parados -o de personas que buscan empleo-, cuando está en juego el porvenir de nuestros hijos -de nuestra infancia, como hay que decir-, los señoritos de la cosa pública andaluza se permiten comparecer en público para presentar ocurrencias descerebradas nacidas de su indominable deseo de decirnos a los demás cómo tenemos que hablar, cómo tenemos que pensar o cómo tenemos que escribir en los medios de comunicación. A nadie se le ocurre que, estando el horno como está, lo que la población espera no es que salgan tres palurdos a pretender cambiarnos las costumbres y a querer convertirnos en seres artificialmente correctos según su pauta, sino que comparezcan hombres o mujeres que, al menos, no parezcan mediocres con pretensiones y que ofrezcan soluciones a los andaluces para salir del atasco permanente en el que nos encontramos. Y que si quieren entretenerse con experimentos de ingeniería social, que lo hagan con su dinero, como bien dice Paco Robles, el genial articulista de ABC y comentarista de Onda Cero, no con el nuestro. Que nos cuesta mucho más que a ellos ganarlo. Si todo este carretón de cargos públicos (que son, en realidad, cargas públicas) desconectados de la realidad, sectarios, ausentes, derrochadores, quieren entretenerse con estupideces, que se lo paguen de su bolsillo y se pasen el día en seminarios (o «feminarios») ensimismados con sus paridas, pero que a los demás no nos tomen por objeto de manipulación biopolítica.

El buen andaluz, según esta prole de necios (y necias), será, a partir de ahora, el que ralentice su conversación para adecuar su lenguaje a un nuevo código de corrección sexista nacido de las ocurrencias de algún pedagogo desocupado. Lo que nos faltaba, con la que está cayendo.


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