Luto nacional
 
25 de octubre de 2020
 
   
     
     
Últimos artículos
El casadazo [ABC]
Registren a este Gobierno [ABC]
Un chulángano aquí y un rey allí [ABC]
La tormenta perfecta [ABC]
Estafa [ABC]
La jodienda [ABC]
Sin liquidez y en las peores manos [ABC]
El Semanal
VER-ORIGINAL
4 de abril de 2010

EL «BARBEITAZO»


Dícese del pregón de Semana Santa dicho por Antonio García Barbeito en el teatro de la Maestranza de Sevilla como exaltación de la Semana Mayor de la ciudad del Guadalquivir. Dícese también del estacazo en toda la frente que soltó el escritor y periodista andaluz sobre las conciencias de algunos. ¿Cómo pregonar una Semana Santa que conocemos hasta el detalle más ínfimo? ¿Cómo se emociona a los cofrades de España hablándoles de lo que se saben al dedillo? ¿Cómo dejar sentado un mensaje, si se tiene, a un auditorio que te espera con las escopetas cargadas envueltas en las más educadas sonrisas? Supongo que con talento, poesía, sinceridad e imaginación, mucha imaginación, exactamente lo que hace falta para no aburrir a un respetable que se ha tragado ya, en lo que va de Cuaresma, seis o siete pregones de hora y cuarto, declamados por voceros emocionados y voluntariosos, pero no siempre tocados por el dedo de la originalidad. Cuando podría parecer que el Divino de Aznalcázar iba a secundar la tradición consistente en exaltar las bondades de tal cofradía o la belleza de tal advocación, fue el muchacho y largó un acto de Fe, rural y heterodoxo, que asombró y encogió a la concurrencia hasta tal punto que aún es el día en el que le están dando vueltas a la cosa. El pregón de Antonio no es cohetería veloz –tan legítima y hermosa, por otra parte–; es, al contrario, un texto que engorda con los días, una lumbre poderosa, un fuego de madera vieja, el exordio de un poeta de ámbitos. Es, por demás, un pregón cristiano –vengo años cayendo en la cuenta de que a los católicos nos convendría ser un poco más cristianos de lo que somos–, ecuménico, sincero y sanguíneo:

«Sigo aquí rezando, Señor,
oraciones que aprendí,
pero al preguntar por ti
sigo dudando, dudando,
Señor, por entre la duda ando
entre preguntas desnudas,
esperando que Tú acudas
a despejarme neblinas:
yo te arranco las espinas,
arráncame Tú las dudas».

El apasionante mundo de los pregones ha obligado a algunos pregoneros requeridos en todo confín a economizar argumentos y a repetir situaciones mediante el sistema de corta y pega. Así, donde pone `Hermandad del Rocío de Bracafulgas´ ponen `Hermandad del Rocío de Rocastoro´ y tiran de poema flamígero incomparable. Mediante ese enternecedor sistema se entiende que haya pregoneros capaces de cargarse todas las advocaciones marianas de la provincia en apenas dos o tres años. De la misma manera que en Madrid se dice que a las siete de la tarde o das una conferencia o te la dan, en la Cuaresma de Sevilla das un pregón o te lo dan. Los hay con solera cofrade y los hay de voluntad conmovedora, el del la Peña Bética del barrio Randelest, el del Colegio de Peritos Mercantiles de Comercio Exterior, el de la Agrupación Mariana de Chindaspún, el del Colectivo de Costaleros Valientes, el del Bloque de Viviendas Padre Montornillo y el infantil del Colegio San Chorro de Ciencia. Es muy difícil estar aburrido si uno es partidario de la declamación cofradiera; yo, que lo soy, procuro acudir a los máximos posibles: siempre se aprende algo, siempre hay alguna sorpresa, siempre cae una cervecita.

El `Barbeitazo´, pregón grande, ha oxigenado costumbres y ha abierto veredas en el laberinto de hojas blancas de un texto. Se le va a poner cara de moneda antigua y sus versos, arrancados de algún sótano impenetrable de su alma, crecerán con el paso de las horas. Ya son grandiosos aquellos que dicen:

«Lo miro en la Cruz clavado
abandonado de Dios
y un ruego ¡perdónanos!
se hace culpa en mi costado.
Lo negué. Y Él me ha salvado
de llenarme de vacíos.
Por eso, al sentirle fríos
manos y pies tan esclavos,
yo sé que en esos tres clavos
algunos golpes... son míos».

Pero aún más furia cabe en los postreros:

«El Hombre y el Cristo a solas,
Jesús, como tantas veces
yo me achico, tú te creces
como la espuma en las olas.
¿Deshojamos amapolas,
yo las vuestras y éstas vos?
Tenemos prisa los dos,
Señor, Tú esperas, yo espero...
contéstame Tú primero
que para eso eres Dios».


enviar a un amigo comentar
[Se publicará en la web]
facebook

Comentarios 1

08/04/2010 21:25:00 rosamaria
Traducir el artículo de 


Buscador de artículos
Título: 

En el texto del artículo

Texto de búsqueda: 


Administración
  Herrera en la red
  Herrera en imágenes
  Sitios que me gustan
 
©Carlos Herrera 2003, Todos los derechos reservados
Desarrollado y mantenido por minetgen, s.l.