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El Semanal
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9 de marzo de 2003

Hablar en inglés sin saberlo


El correo electrónico ha supuesto, ya sabemos, una agilización de las comunicaciones y, paralelamente, un canal de puertas abiertas a todo tipo de invasión publicitaria. A eso se le llama spam. Sin embargo ocurre que de toda la basura que acostumbra a volcarse en la dirección de uno sobresale, de vez en cuando, alguna chispa llena de ocurrencia que te alegra el consabido proceso de borrado de mensajes de entrada. Ayer cayó uno en mis predios en el que el autor o autora reflexionaba acerca de las muchas cosas que los españoles hacemos en inglés que me divirtió sobremanera y que me dio a entender que si tan antiamericanos somos podríamos demostrarlo mejor. No me resisto a trasladar alguno de los ejemplos que me brindaba.

 Ciertamente, los españoles ya no corremos, hacemos footing, no usamos calzoncillos, sino slips, no vamos a aperitivos, sino a cock-tails, vemos algún reality en la televisión, nos hacemos liftings para parecernos a las top-models, tenemos handicaps en vez de inconvenientes, sacamos tickets, compramos compacts, comemos sandwiches y practicamos rafting. Los programas son ahora magazines y si no nos gustan los spots de publicidad hacemos zapping y nos quedamos OK. Nuestros niños leen comics y no tebeos, se mueren por los pins y no por las insignias y son declaradamente partidarios de la fast food y de cualquier lunch, que es como antes llamabamos a la comida fría. Los aspirantes a algo acuden masivamente a los castings con el deseo de ser alguien en el ranking de artistas, no en el escalafón, y de tener pronto manager que les represente en el difícil camino del show-busines, no en el del negocio del espectáculo; así, con el tiempo, quién dice que no podrán formar parte de la jet y convertirse en un vip, que es algo más que una persona importante. Cualquiera ya no hace gimnasia, sino aerobic, ni guarda cosas en la fiambrera, sino en la topper, ni come panceta, sino bacon. Pocos tienen vestíbulo en casa, que se ha transformado en el hall y aún son menos los que exponen en puntos de venta, sino en stands. Las señoras dejaron de usar medias hace años: exactamente los mismos que hace que usan panties. ¿Alguien llama auricular al walkman o técnica de mercado al marketing? ¿Alguien se acuerda de si eso de aparcar ha tenido otro nombre que el de parking? ¿Alguien dice todavía que una pieza musical tiene mucho sentimiento en lugar de decir que tiene mucho feeling? ¿Alguien es capaz de identificar la carne mechada en lo que ahora se bautiza como roast beef?

Las reflexiones de mi comunicante anónimo me han llenado de preocupación, ya que, hasta que no las ves todas juntas, no te apercibes de la cantidad de expresiones que les hemos tomados prestadas a los divulgadores anglófilos. Concluye mi hábil informante agarrándose a la única acción que aún no ha sido invadida por la terminología absurda de los pijos: la siesta.

Ciertamente, aún no han conseguido que la llamemos napping, o siesting, aunque todo se andará. Elabore usted mismo la relación de palabras que ya no maneja en su idioma y haga el favor de asustarse.

Nada más por hoy. Como ven, el spam de la web trae a veces pequeñas perlas.


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