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13 de diciembre de 2009

DEL VINILO A SPOFITY


Cuando era aún más joven que ahora, hace no muchos años, almacenar música era un signo de prestigio. Y de liquidez, claro. Ibas a casa de un amigo de cartera potente y valorabas su carisma en función de los discos que tenía. Otros menos potentados dedicaban todo su pecunio, por escaso que fuera, a amontonar los vinilos de sus bandas favoritas. Al que le gustaba la música de verdad no le importaba sacrificar otras cuestiones mundanas a favor de comprar pequeños tesoros que luego resultaban mil veces escuchados. La radio musical, la Frecuencia Modulada, le dio a la industria discográfica el impulso necesario, definitivo. Y era un buen sustitutivo: los que no disponíamos de grandes medios conectábamos la radio y escuchábamos hasta a Torrebruno si era necesario; que, por cierto, era un tipo encantador. Se trató de que la casete pudiera ayudar a los que no podían comprar discos mediante el artesano sistema de grabar con un micrófono o con una toma auxiliar lo que se radiaba en las emisoras, pero no funcionaba: siempre acababa saliendo la voz del locutor anunciando el título o el intérprete y jorobaba la resultante. Alguna vez grabábamos desde el tocata de algún amigo, pero no era costumbre. Los magnetofones fueron más un argumento de juego y distracción, de grabaciones de amiguetes o de sonidos particulares; alguno de ellos daría hoy media vida por recuperar algún pasaje de aquellos tiempos grabado en cualquier cinta. Uno, sin ir más lejos, encontró un tesoro rebuscando en viejos cajones consistente en una charla con dos amigas quinceañeras que vale un Potosí. Las dos amigas están avergonzadas, pero da lo mismo.

Con el cambio de soporte del vinilo al digital, al CD, el espacio de ocupación se redujo notablemente para los que empezaron a coleccionar música hace unos veinte años. Pero no deja de ser otro almacenamiento. Los que, además, guardamos como tesoros los viejos discos que acompañaron nuestra juventud necesitamos espacio doble. Las futuras generaciones, no obstante, no tendrán este problema, tal vez porque ya no haya música, tal vez porque la solución sea la externalización de archivos. Hoy en día, muy pocos decoran su habitación con CD acumulados: el ordenador ha sustituido a las estanterías y en su disco duro se acumulan miles de canciones que, de otra manera, no cabrían en sus habitaciones. Obtenidas legal o ilegalmente –ésa es otra cuestión; importante, pero otra–, esas piezas, canciones o lo que sea no ocupan espacio, pero sí precisan dedicación. ¿Y para qué?, se preguntaron algunos. ¿Para qué he de almacenar y ocupar disco duro de mi ordenador o cuidar un disco que tengo rodando por la mesa si otro lo puede tener y servirme en el momento las canciones que yo quiero? Y así nacieron negocios como Spotify, donde el usuario tiene acceso a los fondos de todas las discográficas de medio mundo o del mundo entero a cambio de una cuota mensual –con la que se colabora a hacer más legal la escucha y a que gane dinero un sector que corre el peligro de desaparecer–. Es decir, hemos pasado de los vinilos en las estanterías a los discos duros en manos de otro. Yo programo mis listas de reproducción y las oigo cuantas veces quiera a través de los cada día más potentes altavoces de mi ordenador. Por supuesto, también lo hago a través de mi teléfono móvil con Internet. La música es cada día más un fenómeno individual –a excepción de los conciertos y los saraos colectivos–, y casi aislado. Los auriculares convierten a cada individuo en un islote con banda sonora y la tecnología va a permitir que acceda en cualquier momento y en cualquier lugar a la canción que desee y con una fidelidad de sonido más que aceptable. Nada sonará como un vinilo –la grabación analógica no ha sido superada– reproducido en un aparato en condiciones, pero el nuevo sistema calmará los apetitos urgentes de música por parte de aficionados más apresurados. De hecho, los calma ya. Conservo todos mis viejos discos, jamás me desprenderé de ellos, pero me siento fascinado por la evolución del fenómeno. Después del streaming de Spotify y compañía, ¿qué es lo que llegará?

La respuesta no tardará mucho en conocerse.


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