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11 de diciembre de 2015

La insoportable demagogia habitual


Las denuncias falsas son una realidad manifiesta, moleste a quien moleste leer esa evidencia.

La rampante y viscosa corrección política española está llevando hasta la ira y la hiperventilación a una notable facción de sus portavoces autorizados. Entiéndase políticos y delegados sociales de los mismos. La representante de Ciudadanos, Marta Rivera de la Cruz, afirmó, con suficiente serenidad, en un debate televisivo que su partido consideraba inadecuada la diferencia de criterio penal con la que se abordaba la violencia entre personas y, más concretamente, la desarrollada en el ámbito doméstico.

Si una mujer ejerce violencia sobre un hombre la pena es de equis; si es al revés, la pena es de equis al cuadrado. Para Ciudadanos se produce una discriminación concreta y considera que resulta indebida. Exactamente como la consideraba el PP cuando el PSOE tramitó esta ley en ámbito parlamentario. La reacción virulenta no se ha hecho esperar y el rosario inacabable de rasgamiento teatral de vestiduras por los defensores de lo políticamente correcto, incluidos los cuentistas del PP, merece premios de artes escénicas.

Veamos. Al maldito asesino que anteayer violó el alejamiento de su mujer, se plantó en su casa de Lebrija, la mató, la tiró por el balcón y le pasó el coche por encima, hay que meterlo en la cárcel por el resto de su vida. No sé si eso es suficiente para los indignados reaccionarios con el comentario de Rivera. La contundencia de la ley no estriba en que deba pagar el doble que si el hecho se hubiera producido al revés, cosa que normalmente no ocurre, o no tengo noticias de ello.

Lo que resulta indignante no son las palabras serenas de esta candidata, sino que la legislación penal española permita que este salvaje miserable esté en la calle dentro de unos años. Matar en España sale barato, muy barato, ya que la comprensiva y progresista legislación garantista para con los asesinos hace posible que asesinos confesos apenas duren una década en la cárcel, como seguramente pasará con este sujeto. De eso, de esa realidad sangrante, no dice nada la iracunda brigada de acción rápida.

Es cierto que la asimetría se produce en el caso de lesiones y amenazas, no en el de homicidios. Es decir, la pena que soportará este asesino es pareja a la que habrá de padecer la mujer que mató a su marido con una escopeta sin que hubieran mediado escenarios previos de violencia, es decir, por cuestiones de interés perverso. No será igual, porque no hay casos iguales, pero ambos serán mucho más leves que el mal que han causado. La asimetría en asuntos relacionados con amenazas, que ya sabemos se producen en gran medida por parte de hombres a mujeres, permite, no obstante, poner en manos de mujeres desalmadas –que también las hay– instrumentos de venganza personal que resultan innegables por mucho que se quiera disimular o mirar distraídamente para otro lado. Las denuncias falsas son una realidad manifiesta, moleste a quien moleste leer esa evidencia. Y la consecuencia penal que comportan es pírrica.

No vengo a afirmar que en esa asimetría esté encerrado el secreto de una injusticia malévola. Vengo a defender el derecho a sostener posturas contrarias a ella sin que quien lo haga sea linchado y crucificado por las huestes repugnantes de la intolerancia social y sin que políticos teatrales que han aprendido a posar intelectualmente con cuatro frases hechas no tengan la altura necesaria para debatir desde la serenidad y no desde la consigna y el eslogan. El espectáculo de aparentar indignación y la necesidad de buscar la frase efectista producen una evidente repugnancia en aquellos que consideramos la demagogia como uno de los grandes males de la política española. En lugar de hacer ver que se quedan sin aire por escuchar una reflexión políticamente incorrecta pero absolutamente sensata, mejor harían sentándose a debatir con tranquilidad un asunto que no tiene por qué ser tabú. 


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