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15 de marzo de 2014

La bajadilla de impuestos


El asunto parece, pues, que va a quedarse en un suave maquillaje, pero no en un tijeretazo sobre lo que nos quitan

¿LOS expertos convocados por el Gobierno del PP proponen bajar los impuestos o los dejan más o menos como están? Esa es la pregunta que a día de hoy aún nadie sabe contestar. El aroma induce a pensar que proponen bajarlos, pero una posterior impresión invita a pensar que, en realidad, son piruetas para no hacerlo. Más o menos, dejar las ovejas que salen por las que entran. Es cierto que animan al Gobierno a bajar el IRPF en todos los tramos, a suprimir alguno de ellos y a elevar el nivel de exención. Pero también lo es que evitan algunas deducciones y aconsejan subir algunos IVA reducidos. Y que aconsejan incorporar a las rentas el valor patrimonial de las viviendas en un país en el que poseerlas es mucho más habitual que rentarlas. Es cierto que instan a suprimir el impuesto sobre el Patrimonio, ese robo manifiesto que supone obligarte a pagar dos veces por lo que has conseguido, pero sugieren convertir lo líquido en sólido, es decir, transformar en «ingreso» a tributar aquello que posees, sea moneda o sea ladrillo. Incluso proponen que esa forma de incluir en la renta un beneficio (inexistente en la realidad) lo sea con carácter retroactivo. Lo que no cobren por un lado o con una mano lo harán por otro o con otra.

Es cierto, como señala el profesor Lagares, presidente de esa comisión o grupo de expertos, que el Estado no puede cobrar más que uno por el trabajo realizado, y que, en consecuencia, el tope impositivo no debe superar el cincuenta por ciento de la renta. Pero aun así, sumados los complementos autonómicos y demás mangazos, quitarle la mitad de lo ganado a una persona no deja de ser una confiscación. Y las confiscaciones no animan a esforzarse por aumentar los beneficios personales, antes al contrario, además de ser injusto desaniman a incrementar riqueza.

El Gobierno de Rajoy, ciertamente y como todos, le ha encontrado gusto a exprimir a sus ciudadanos. Es, también como todos, cobarde; no se atreve a correr riesgos. Uno ni siquiera osa aconsejar que haga como Reagan en los 80 y baje los impuestos del 60% al 28%, pero sí se lamenta de que sigan considerando como única alternativa confiscarle lo que usted ganó, sus ahorros, para amortiguar la deuda insoportable en la que los gobiernos se han metido. Afortunadamente, la comisión plantea la necesidad de rebajar hasta el mínimo posible otro de los atracos injustos a los que someten al ciudadano: el impuesto de Sucesiones. Pero no proponen eliminarlo, sino simplemente impedir que haya CC.AA. que no lo cobren, aunque sea nivelándolo por lo bajo. De atraco, pues, a atraquillo. Y no hablemos del IBI.

En España se paga mucho y se recauda menos de lo deseable. La solución, evidentemente, no es obligar a pagar más. Habrá que estudiar cómo rebajar los gastos fijos, pero no hay gobierno que se disponga a ello. Bastante dicen haber recortado ya. El asunto parece, pues, que va a quedarse en un suave maquillaje, pero no en un tijeretazo sobre lo que nos quitan.

 


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