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14 de febrero de 2014

Tentación peligrosa


Bildu, y lo que le cuelga, están esperando un tonto útil en forma de socialista que les haga el trabajo sucio

POCAS cosas le convienen más a esta España desencajada y convulsa que la permanencia de Pérez Rubalcaba al frente del PSOE. No se trata de una adulación espontánea y gratuita: se trata de una inyección interesada. A pesar de todos los pesares, APB es la mejor garantía de estabilidad de la que puede gozar este solejar con albarradas. Paso a explicarme, con la venia de mis lectores.

No conviene que pierda las elecciones europeas aquel que depende de ello para seguir al frente del principal partido de la oposición. La mejor apuesta por todo tipo de inestabilidades es que el inquietante cántabro deba retirarse en la carrera por el liderazgo socialista cara a las próximas elecciones generales. Quienes, desde la derecha política, acaricien la idea de una derrota inmediata de su adversario no perciben el peligro que a la larga supone prescindir de el único individuo que se puede permitir el lujo de establecer acuerdos de Estado deseables a meses vista. Rubalcaba, nos guste o no, es el hombre que puede suscribir coaliciones que establezcan nuevos escenarios de estabilidad y despegue al estilo de aquellos –Pactos de la Moncloa– que permitieron un cierto milagro en la transición. El problema está en que hay que salvarle de sus propios correligionarios, no de sus adversarios.

El Partido Socialista en Navarra, por ejemplo, está loco por la música. Tanto es así que está dispuesto a caminar de mano de Bildu con tal de desalojar del poder a UPN. Yolanda Barcina merecerá todas las críticas que se quieran hacer, pero a nadie que quiera ser algo en política nacional se le ocurrirá, en su sano juicio, emprender acciones de la mano de quienes quieren anexionar Navarra a la fantasmagórica Euskalerría del nacionalismo vasco. Flaco favor se hacen a sí mismos quienes bendicen esa operación. Bildu, y lo que le cuelga, están esperando un tonto útil en forma de socialista que les haga el trabajo sucio y así poder establecer una aberrante política de anexión. El PSOE aspirante a gobernar España no puede consentirlo, se ponga como se ponga el hambriento socialismo navarro.

Si APR no sucumbe a esa infantil tentación y si los votos europeos le son favorables, podrá aspirar sin problemas a la candidatura a la presidencia del gobierno que su partido ha organizado de forma inusualmente abierta. Con Rubalcaba al frente del PSOE se abre un futuro más interesante que sin Rubalcaba al frente del PSOE. Las próximas elecciones generales ofrecen un presumible escenario de fragmentación del voto y un complicado tablero de coaliciones. No nos engañemos: si las cosas son como se presumen se hará inevitable una auténtica revolución en la España moderna que pasará por un acuerdo de los dos grandes partidos. Un acuerdo de aroma alemán que establezca una estabilidad inusitada y una base de despegue que nos permita vencer al desafío que a diario nos abofetea. Habrá que aparcar todo aquello que separa a los dos partidos omnipresentes, que son muchas cosas, pero nos podremos permitir el lujo de garantizar una serenidad escénica imprescindible para el crecimiento y la confianza, o para la confianza y el crecimiento, que es el orden correcto. Podemos estar ante un panorama inusitado pero apasionante: la demostración de que, de verdad, los españoles somos capaces de entendernos y de construir las bases de nuevos periodos de nuestra historia. Y dar una lección inusitada desde el sur de Europa.

Un futuro gobierno de coalición, que es de lo que hablo y lo que reclamo siempre que las urnas lo dictaminen, solo es contemplable con Rubalcaba al frente del entramado socialista. No se antoja fácil con otros elementos más o menos volátiles al frente de la izquierda española. Para ello tiene que ganar las europeas. Y tiene que evitar la tentación Navarra, tan sugerente como peligrosa.

 


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