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17 de diciembre de 2004

La soledad de Alcaráz


No sé por qué me asalta la sensación de que la comparecencia del representante de la AVT ha sido voluntariamente ignorada por algunos sectores sociales y políticos -no digamos periodísticos- y se ha visto acompañada de un rechinar de dientes de un par de grupos parlamentarios. Las palabras de Alcaraz lucen una densísima sensatez y por fin aquellos que las venimos secundando desde años atrás hemos experimentado la satisfactoria sensación de haberlas escuchado en el Congreso. Determinados representantes políticos han lucido desde los escaños una indestructible voluntad de denuncia y solidaridad, no me cabe duda, pero nunca hasta ahora habíamos escuchado la voz de una víctima señalando las contradicciones enormes que han mostrado diversos gestores de la cosa pública. Preguntaba Alcaraz si estaban dispuestos a sufragar los viajes de los familiares de los asesinos del 11-M desde Egipto o desde Marruecos hasta las cárceles españolas: esa cuestión lleva implícito un golpe certero, exacto, a quienes, de forma indecente, se han situado más cerca de los verdugos que de las víctimas. Difícilmente puede expresarse mejor la indignación ante tanta indecencia. También preguntó si el camino correcto era el de negociar con los terroristas o el de salvaguardar determinados territorios de la acción criminal, cosa que irritó sobremanera a quien lo hizo. Y preguntó más: ¿soportaríamos que se les distinguiera como hijos predilectos de algunos ayuntamientos? Insistió: ¿aprobaríamos que sus familias tuvieran que esconderse avergonzados para darles sepultura? Pues todo eso ha venido pasando en España en las últimas décadas.

Soledad. Todo ha sido soledad. Solos en los funerales, solos en los cementerios. Solos en los juzgados también. La justa indignación que mostraba Pilar Manjón en su sereno y severo discurso por la pronta excarcelación de «El Gitanillo» la han venido experimentando los familiares de las víctimas de ETA repetidas veces a lo largo de estos años: ¡cuántos asesinos no han salido excarcelados al poco tiempo de llenar de balas el cuerpo de un policía! Algunos de ellos, habrá que decirlo, se han beneficiado de una legislación absurda y laxa, pero otros tantos han sido puestos en libertad por magistrados generosos y despreocupados, no por la obligación de las normas penales. Que hagan examen de conciencia. Que la hagan los periodistas acomodados en la ambigüedad, cuando no en la complicidad. Que la hagan los sacerdotes que se han negado a rezar por el alma de un guardia civil y que, en cambio, han corrido emocionados a glosar la vida de un asesino. Alguno de ellos, incluso, ha llegado a obispo. Que la hagan, si tienen lo que hay que tener -que no lo tienen-, los políticos que han llegado a nombrar a un asesino como Josu Ternera miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco. A todos ellos dirigió su plática este Alcaraz a quien va a distinguir el Foro de Ermua con su homenaje y reconocimiento este fin de semana y al que algunos prefieren no escuchar con las dos orejas bien abiertas para así no tener que avergonzarse.

Si en el Congreso se hubiesen abierto comisiones de investigación para esclarecer comportamientos concretos ante el fenómeno trágico del terrorismo nacionalista, quién sabe si la soledad de las víctimas hubiese sido muy otra. Todos aquellos que han enterrado a sus hijos o a sus maridos con la nocturnidad de quien casi tiene que pedir perdón por haber sido asesinado saben bien lo que quiso decir ayer este hombre de voz breve, relajada, pero sobriamente densa. Muchos hemos hecho nuestro su discurso. Ya sé que algunos, como Olabarría el peneuvista, son incapaces de asumirlo, y es lógico: debería pedir perdón por tantos años mirando hacia el lado opuesto y eso es difícil hacerlo con esa edad. Pero los demás, aquellos a los que les quede vergüenza, deberían no pasar por alto las palabras de este hombre.


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Comentarios 2

26/09/2011 19:15:00 MDzbNrxHuoDvMhb
08/01/2005 20:59:15 CRISANTO PARRA GARCIA
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