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23 de agosto de 2003

Pedro vence en los Oscar de la guerra


La guerra, la absurda, injusta y dolorosa guerra que se está viviendo en Iraq, no pudo con la ceremonia de los Oscar. Las precauciones fueron muchas y la voluntad de reventar la ceremonia muy poca, con lo que asistimos a una edición más de los premios por excelencia, los que copian –normalmente mal, como en los Goya– en cualquier parte del mundo y los que deciden quién ha sido merecedor de la gloria eterna del celuloide. Sabemos –y celebramos– que uno de ellos es de los nuestros: se llama Pedro y ya conoce lo que es salir a por la estatua y llevársela a casa. Almodóvar no fue el mejor director para los votantes pero sí quien mejor había escrito una película. Su discurso ante el respetable del teatro fue bellísimo: dedicó el premio a quienes buscan a diario la paz y la justicia en el mundo y a todos los que dedican su vida a algo tan difícil y hermoso como es hacer cine.
 

El discurso de Pedro ante el respetable fue bellísimo: dedicó el premio a quienes buscan a diario la paz y la justicia en el mundo

 
Escribió bien la película y escribió bien el agradecimiento, esta vez en tiempo, sin necesidad de que los organizadores le cortaran los micrófonos, como ocurrió tres años atrás al recoger el anterior galardón. Ha conseguido Pedro mucho más de lo que habitualmente aspira a conseguir cualquier cineasta: ha sido propuesto a mejor director y ha obtenido dos estatuillas doradas a lo largo de su carrera, y, lo que es más, sabe que tiene las puertas permanentemente abiertas en EE.UU. para rodar lo que quiera y conseguir nuevos premios. Será premiado como Mejor Director, no tengo dudas: este año se cruzó un sorprendentemente galardonado Polanski, autor de una película tan bella como terrible sobre el holocausto, y se lo quitó, incluso, al mismísimo Martin Scorsese.
 

La gala de este año se recordará siempre por haberse celebrado a la par del sufrimiento injusto de los que luchan en la guerra

 
Polanski no puede entrar en los EE.UU. –tiene turbio pasado– y se quedó sin subir al escenario tras oír aquello de “the Oscar goes to...”. Sí que subieron los creadores de Chicago, tan felices como la misma Nicole Kidman, que iba de ganadora toda la noche, o los mismos organizadores, tras ver que todo se había desarrollado sin incidentes.

La gala de este año se recordará siempre por haberse celebrado a la par del sufrimiento injusto de aquellos que luchan en la guerra. Nosotros, además, la recordaremos por ser la noche en la que “Hable con ella”, una película española, rodada en español, se llevó a casa uno de los grandes premios. Por el legítimo orgullo que nos corresponde, ¡Gracias, Pedro!
 


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