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19 de febrero de 2004

Telebasura y prensa del corazón


A mí no me mezclen con la chusma de la telebasura. La prensa del corazón, también conocida como prensa rosa, no hostiga a nadie ni manipula ridículamente las imágenes para forzar una risotada vulgar. Cuando se ha visto hasta que punto puede llegar un supuesto “reportero” pretendidamente ingenioso en su acoso a la novia del ministro Álvarez Cascos, algunos han mezclado en el mismo saco a programas televisivos que basan su éxito en mofarse, perseguir o acorralar a determinados personajes con revistas que hablan de estos mismos seres sin necesidad de provocar su reacción airada, que es lo que en realidad buscan todas esas mofetas. La prensa en su sitio y los programas a los que me refiero en el suyo. No toda la televisión es así, huelga decirlo: yo jamás he visto en “Corazón, Corazón” a ningún impertinente justificando su presión indecente en virtud del derecho a la información. Sí he visto, en cambio, y me irrita profundamente, a auténticos profesionales del manoseo colgarse de alguien hasta que consiguen el enfado de éste: con esa imagen, al final, se construye un mosaico debidamente manipulado, se le deforma convenientemente, se graba un “off” ridiculizante y se consigue “la gran exclusiva”. Qué divertido. ¿Ese es el gran logro del periodismo televisivo?. Valga afirmar que Alvarez Cascos ha cometido un error de estrategia: no es lo más prudente exhibir públicamente su nuevo paso sentimental en actos oficiales, pero eso no le da derecho a nadie a cebarse insolentemente en una persona lógicamente abrumada. Una vez más recordamos algo elemental: la información es sagrada, pero el tratamiento siempre es discutible. Hace un par de semanas esta revista recogió un rumor según el cual la nueva pareja del ministro podría estar embarazada: bien, no era así, fue un error, nunca una injuria –a no ser que la joven galerista considere un insulto estar embarazada: todo lo más debe de considerarlo motivo de despido--  y en estas páginas se recogió la rectificación, lo cual queda dicho a efectos diferenciadores. Haría bien el responsable de Fomento en no mezclar en la misma hormigonera a quienes nada tienen que ver. Los programas televisivos que basan su gracia en exprimir la paciencia de los “famosos” –incluídos los “famosos” profesionales--  no deben compartir trayectoria con publicaciones como DIEZ MINUTOS, bien distintas ambas. Yo mismo jamás colaboraría en ninguno de ellos y, en cambio, me honro de tener un hueco en estas páginas. Quede claro.


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