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El Semanal  15 de enero de 2017
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Los 60 de Tony Manero


Entendió que ya no era un chavalote ideal para protagonizar una comedia televisiva repleta de gente despreocupada y bailonga

A Manero no le hace ninguna gracia este 2017 que comienza. Sabe que cuando llegue julio cumplirá 60 tacos. Y no lo concibe. Él, que caminaba a saltos por las calles de Brooklyn, que vestía forrado de cuero y piel, que se peinaba con un rastrillo, que bailaba como un frenético, que comía y bebía como si lo fueran a prohibir… no puede cumplir 60 años como si fuera un anciano de los que conoció en el barrio, saliendo de la ferretería, cuando apenas contaba 20 tacos. No, no, bajo ningún concepto.

Los amigos de Tony Manero, más o menos de la misma quinta, suelen decirle que los 60 de ahora son los 40 de antes, pero eso le parece una excusa pobretona. Algo ha tenido que ir mal para plantarse a las puertas de la sesentena sin que prácticamente se haya dado cuenta. Lo malo de todo es que Manero sigue creyendo que tiene 20 años y que está bailando enfebrecido un sábado por la noche, del Odisey al Hollyday, del Mohama al Menphis. Y, lamentablemente, no es así. Cualquiera que le vea convendrá que Manero está estupendo, pero eso no le consuela: cuando Tony era un chaval, cualquier señor de 60 años bordeaba la ancianidad, o eso le parecía. Este año cumple, sin ir más lejos, 17 años más de la edad con la que murió su padre, al que siempre recuerda como un hombre mayor, más mayor que él en la actualidad, lo cual le trastorna notablemente. Todo un desastre. ¿Qué hará Manero cuando llegue el día y el calendario deje caer la hoja fatídica? ¿Se esconderá en la bañera? ¿Echará los pestillos de la casa? ¿Descolgará el teléfono? ¿Negará la evidencia?...

Cumplir 60 es más traumático que cumplir 40. Manero recuerda sus 40. Junto con su amigo Paco dio una vuelta al mundo que tenía como escalas Singapur, Bangkok, Hong Kong, Tokio, Hawái, San Francisco, Cancún, La Habana, su Nueva York natal y España al cabo. El día que pasaba a disponer un 4 al frente de sus números decidió, acertadamente, ir a Pearl Harbour. Hawái es un archipiélago simpático al que muchos tienen divinizado o idealizado. Está simpático, sin mucho más. Pero la base norteamericana que desdibujaron los japoneses tiene un valor simbólico que Manero creyó que le era propicio. 40 años aquel día fotografiado junto a los restos de la flota americana: no va más. No cayó en depresión, pero sí entendió que ya no era un chavalote ideal para protagonizar una comedia televisiva repleta de gente despreocupada y bailonga. La Fiebre del sábado noche quedaba 20 años atrás, pero no era del todo grave. Grave es ahora: esa misma fiebre queda 40 años a la espalda, ¡qué barbaridad!

Las uvas cayeron lentamente, esófago abajo, como presagio de un año tormentoso. Preparó una selección musical distinta, como si renunciar a Anita Ward o a sus queridos Bee Gees le hiciese creer que estaba en otra dimensión; mucho Chayanne, Ricky Martin, Luis Enrique y así, como les hubiera gustado a los amigos hispanos del barrio, pero con todo no pudo evitar, ya caída la madrugada, dar con la yema del dedo a su himno particular, ese que le electrizó aquella tarde fascinante en el cine Cervantes de Sevilla, allá por el año 77, y le hizo volver bailando a casa, despreocupado y suelto como un racimo de hojas al capricho del viento. Sonó Fever Night y Manero bailó a solas, contando los sesenta compases de la canción, cerrando los ojos para volver a ver la bola de espejos de su discoteca del barrio y a las niñas que suspiraban por bailar con él. Y pensó en los pocos meses que quedan para el día fatídico en el que la gente le considerará un prejubilado o le facilitará una tarjeta de viaje en transporte público para la tercera edad. De aquí a julio, Manero se mirará a diario en el espejo escudriñando evidencias que desdigan la sesentena. Cada una que encuentre será un triunfo, pero cada signo de cansancio o decadencia será un mazazo demoledor. Ese baile en solitario, cadencioso, con ojos cerrados y cadera suelta, era todo un canto melancólico por la mitológica juventud evaporada…

¡¡¡¡¡Que no, Manero, que no!!!!! ¡Que estás hecho un chaval!

 


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