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13 de mayo de 2014

Entrevista a Eugenio Bregolat

Entrevistado: "Eugenio Bregolat"

"Para muchos rusos no tener Ucrania es como no tener un brazo"

El primer embajador de España en Rusia, Eugenio Bregolat, habla en Herrera en la onda de la situación que atraviesa Ucrania en las últimas semanas, recordando momentos claves en la desintegración de la URRS, en los que creen que "no les trataron muy bien".

 

ONDA CERO

Asegura que para muchos rusos "Ucrania es como para muchos españoles Asturias o León" y, por ello, señala que se explica que "haya tantos rusos apoyando masivamente las acciones de Putin". 

LA VOZ DE RUSIA 

Desintegración de la URSS: élites y pueblos

El ajetreo antes de las fiestas de Año Nuevo, que tradicionalmente se apoderó de las ciudades soviéticas en los últimos días de 1991, distrajo a los habitantes de la URSS de los problemas globales.

 

El ajetreo antes de las fiestas de Año Nuevo, que tradicionalmente se apoderó de las ciudades soviéticas en los últimos días de 1991, distrajo a los habitantes de la URSS de los problemas globales. Muchos ni siquiera suponían que recibirían el Año Nuevo en otro país, mejor dicho, en quince países diferentes. La URSS, que ocupaba una sexta parte del mundo, dejó de existir. Ahora bien, ¿quién se benefició de la desintegración de la URSS? 

La crisis de la URSS se evidenció a mediados de los años ochentas. Después de que la dirección del país aflojó las riendas, declarando las reformas de la perestroika, el descontento de la población por la situación existente afloró a la superficie. El Estado necesitaba, en primer lugar, transformar a fondo la economía. Le debía seguir una reforma gradual de la estructura política. 

Sin embargo, no salía una reforma gradual. Antes la dirección del Estado multinacional era centralizada: todos los hilos convergían en manos del Partido Comunista de la Unión Soviética. Ahora, el papel “dirigente y orientador” del partido se debilitó y poco después este punto desapareció de la Constitución. De lo que no tardaron en valerse los dirigentes de las repúblicas federativas, donde se hablaba cada vez más a menudo de la soberanía y del abandono de la Unión. 

Al propio tiempo, es incorrecto decir que los ciudadanos anhelaban la desintegración del Estado soviético. El 17 de marzo de 1991 fue efectuado un referendo nacional sobre la conservación de la URSS. Casi todos los que participaban en la encuesta nacional (más del 76 %) se pronunciaron por la conservación de la Unión. A pesar de esto, todo terminó con la firma, el 26 de diciembre de 1991, del Tratado de Belovezh y con la aparición en el mapamundi de quince estados soberanos. 

En ello no hay nada sorprendente: en la situación que se daba entonces, tanto en el interior del país como en la arena internacional, tal desenlace era bien lógico, considera el politólogo ruso Andrei Zajarov: 

La cuestión consiste en que la URSS era una estructura bastante compleja. Me refiero ante todo al carácter multinacional del Estado. Igual que todos los estados complejos, este suponía la existencia de un sistema de soborno organizado, si quieren, por el poder central de élites nacionales. Tan pronto le termina el dinero al centro, este pasa a un plano de relaciones absolutamente diferentes con estos territorios. La URSS entró en una crisis económica a finales de los años 80. Baste recordar que el precio del petróleo bajó a menos de 10 de dólares el barril. Con ese dinero no se podía siquiera financiar la amistad de los pueblos. 

Al mismo tiempo los representantes de la élite política de las repúblicas federativas sentían tentación de que el estado se deshaga. Por ejemplo, la aparición de nuevas plazas de trabajo en el parlamento, gobierno y administración del presidente de estados soberanos. Pero una tentación mucho mayor eran los bienes que se encontraban en propiedad del Estado soviético, puntualiza Alexei Mujin, director general del Centro de Información Política. 

El factor exterior también jugó su papel en la desintegración de la URSS. La desintegración de la URSS, como es sabido, fue proclamada como su objetivo por muchos ideólogos de la guerra fría. Esta variante preveía asimismo la subsiguiente desintegración de la Federación de Rusia, lo que la dirección del país pudo, por suerte, evitar. Así y todo, los enemigos de la Unión recibieron el colapso de la URSS como su victoria. Si bien más tarde comenzaron a oírse voces desilusionadas: los “rusos” que perdieron la guerra siguen siendo una potencia nuclear, propugnan sus intereses nacionales, intervienen en disputas de política exterior. Como dijo un general norteamericano, “los perdedores… por quién sabe qué razón, no se sienten perdedores”.

 


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