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25 de abril de 2019

La descuertizadora de León

Covadonga Sobrino le dio siete hachazos en la cabeza al hombre con el que mantenía relaciones

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El periodista Diego Martínez nos trae un nuevo caso de la crónica negra de España 

COPE

Covadonga Sobrino le dio siete hachazos en la cabeza al hombre con el que mantenía relaciones. Al día siguiente del crimen, partió el cuerpo en dos partes, y los dejó en dos lugares distintos de la ciudad. Una parte de un brazo nunca fue hallada. Un crimen calculado realizado por una mujer fría. Ocurrió en León en 1975.

-¿Quién es Covadonga Sobrino ‘Covi’?

-Era una mujer fría que cuando se producen los hechos el 3 de mayo de 1975 cuenta con 41 años. Sin duda, el crimen que cometió muestra a una persona impulsiva, que no tuvo reparos tras una discusión en matar a la persona con la que mantenía relaciones delante de un sobrino de ella.

-Muerte en la noche y descuartizamiento al día siguiente

-Los hechos ocurren en el Portillo, en el bar Ayí en la noche del 3 de mayo de 1975. Covadonga Sobrino mató de siete hachazos en la cabeza a su amante, Carlos Fernández, de 25 años, en el bar que regentaba. Eran las once de la noche. Al día siguiente, el cuerpo fue descuartizado en dos mitades. La inferior se encontraría el 15 de mayo en la carretera de Caboalles por un hombre que recogía caracoles y cinco días más tarde sería la cabeza la que sorprendiera a un caminante en Vegacervera.

-El hallazgo en una bolsa de parte del cuerpo causó estupor en León.

-Francisco Villar Rubio, jubilado de la construcción, buscaba caracoles y en la cuneta de la carretera de León a Caboalles, encontró una bolsa de plástico. La bolsa pesaba. Al abrirla se dio cuenta que olía muy fuerte. Se encontró con las caderas y las extremidades inferiores de un cuerpo que había sido cortada por la cintura. Quedó estupefacto.

-Cinco días después se encuentran más restos del cadáver.

-Cinco días después se localizó la parte superior. En otra carretera leonesa, la de Vegacervera, en una cuneta, envuelta en sacas de plástico se halló la cabeza, el torax y los brazos, que curiosamente no aparecían enteros: el brazo izquierdo estaba descarnado, con las puntas de los dedos cortadas, y el derecho sólo se conservaba hasta el codo. Impresionante.

-Dura tarea para identificar el cadáver

-No era fácil saber a quien correspondían los restos hallados en aquellas bolsas. En el cráneo se contaban siete hachazos, mortales de necesidad. Ahora había que ponerle nombre al fallecido. A pesar de los escasos indicios y del rostro deformado, la Guardia Civil consiguió saber quién era la víctima. Se trataba de Carlos Fernández Guisiraga, soltero, soldador, de carácter violento y vida irregular, que carecía de domicilio conocido y que tenía un tatuaje con sus iniciales en el brazo derecho, precisamente una de las partes del cuerpo que no habían sido halladas.

-Investigar para dar con el autor de aquella carnicería

-Fueron las bolsas en las que se encontraba el cadáver las que dieron la pista sobre la asesina de Carlos. Unas bolsas idénticas cubrían unas ventanas del bar de Covadonga. Se pudo reconstruir lo sucedido, ya que Covadonga mata a Carlos tras una fuerte discusión en presencia de su sobrino de 15 años en el bar.

-La declaración de la asesina muestra su carácter frío

-Covadonga Sobrino confesó su crimen con gran frialdad. Cuando los agentes le enseñaron las fotos de la cabeza del cadáver, ella, sin inmutarse ni soltar una lágrima, se limitó a señalar el parietal derecho y decir: “Sí, éste fue el primer hachazo”. Los agentes atónitos indicaron a Covadonga que aquellos golpes necesitaban de mucha fuerza. Covadonga les habló de sus bíceps muy desarrollado y los invitó a comprobarlo: “Toquen, toquen, verán qué fuerte es mi brazo”.

-Una parte del brazo derecho nunca apareció

-Ni apareció parte del brazo ni el hacha, ya que aseguraba que la había arrojado tras el matadero municipal. Sin duda, el suceso causó un gran estupor en León. La asesina fue detenida 27 días después de los hechos. Fue condenada a 21 años de cárcel en 1976. Tras cumplir la condena se alejó de León, y entró en un convento de cocinera. La cocina era lo suyo. 

 


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