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29 de septiembre de 2015

¿Qué pasará en Cataluña?

"El futuro en Cataluña no será fácil" 

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COPE

"¿Tienen algo en común los señores de la burguesía de Convergencia con los de las CUP?"

La NASA halla nuevas pruebas de agua líquida en Marte 

Aznar ve al PP ante "el peor escenario posible"

 

FORO "FUTURO EN ESPAÑOL"

Aznar alerta al PP: El voto de centro puede ir a Ciudadanos

El expresidente del Gobierno ha asegurado que sólo recibe crítricas por sus palabras pero que nadie rebate sus argumentos.

Durante su participación en el foro "Futuro en español", Aznar ha considerado que al menos debe ser "digno de reflexión" el hecho de que el electorado no secesionista haya preferido votar a Ciudadanos en lugar de al PP.

"Si es así es porque piensan que el orden constitucional o la unidad de España puede ser mejor defendido por Ciudadanos que por el PP", ha señalado el presidente de honor de los populares.

También ha subrayado que el mejor resultado del PSOE sobre Podemos en Cataluña puede hacer "que el voto de la izquierda en las elecciones generales vaya al PSOE.

Aznar ha lamentado las descalificaciones que ha recibido desde que hizo su diagnóstico de las elecciones catalanas, un día después de la cita con las urnas, pero ha subrayado que no ha visto desautorizados sus argumentos "por nadie", sino más bien "reafirmados".

El expresidente del Gobierno ha insistido en que "Cataluña está más dividida y más fraccionada que nunca", y ha advertido de que el proceso secesionista "va a continuar" y lo hará "dirigido por las fuerzas más radicales".

 

CASIMIRO GARCÍA- ABADILLO

Réquiem por una época 

  • Aznar no se puede salvar de la hecatombe que tiene a Rato como símbolo de la decepción

"Decepción y rabia", así define un miembro del gobierno el sentimiento colectivo del gabinete ante la abundante información que podría llevar a Rodrigo Rato a prisión acusado de graves delitos de corrupción.

"De hecho", me comenta una fuente, "si aún no se ha decretado su detención es porque no hay riesgo de fuga: sus guardaespaldas son los que le vigilan".

En Génova, las revelaciones sobre la trama empresarial del ex director gerente del FMI se viven como "una pesadilla".

Pero, más allá de que las malas prácticas de Rato puedan influir en el desgaste electoral del PP de cara al 20-D -cosa de la que están seguros todos sus dirigentes-, la caída del ex vicepresidente primero del Gobierno representa el fin de la época más brillante del partido refundado por José María Aznar.

Converso con una persona cercana al ex presidente del Gobierno. "¿Influyeron las sospechas de que a Rato podía estallarle algún escándalo para que Aznar no le designara como sucesor?", le pregunto. "Yo creo que información concreta no tenía, pero lo que le influyó eran los comentarios de sus hombres de confianza en Moncloa, que le repetían una y otra vez que Rato tenía el techo de cristal. Aznar apreciaba mucho a Rodrigo y, de hecho, fue su principal apoyo para que le nombraran director del FMI, pero es cierto que las dudas sobre su relación con el mundo de los negocios fueron el elemento fundamental para que, al final, se inclinara por Rajoy", me contesta.

Seguro que hay algo de verdad en ello (de hecho, en 2001 ya había salido a la luz el crédito de 525 millones del HSBC a la empresa familiar Muinmo), pero también hubo otra razón de peso. De los tres candidatos a la sucesión, Jaime Mayor, Rajoy y Rato, éste era el que más poder tenía, dentro y fuera del partido.

El ex ministro de Economía era en esos tiempos el hombre más poderoso de España; después de Aznar, claro.

Sus amigos, Manuel PizarroCésar Alierta y Francisco González, estaban al frente de tres de los mayores conglomerados económico-financieros del país: Endesa, Telefónica y BBVA.

A Aznar le había salido mal la jugada de colocar a su compañero de clase, Juan Villalonga, en Telefónica (que tuvo que dimitir afectado por sospechas de uso de información privilegiada). Suya fue también la decisión de colocar a Miguel Blesa, su asesor fiscal, en Caja Madrid (cuya gestión se demostró nefasta).

Ese poder propio, no delegado, fue uno de los elementos que pesaron para que Aznar inclinara su dedo hacia Rajoy. Rato, indirectamente, controlaba el PP de Madrid (la organización más fuerte del partido), tenía entre sus amigos a algunos de los empresarios más influyentes de España y se había apuntado personalmente la recuperación económica que se produjo entre 1996 y 2000. De haber llegado a presidente (nadie podía imaginar en agosto de 2003 lo que ocurriría el 11-M), Aznar estaba seguro de que hubiera ensombrecido su labor como el dirigente que llevó por primera vez al centro derecha al poder, y que hizo de su partido la maquinaria política mejor engrasada de España.

Cuando Aznar y Rato fustigaban al PSOE de González por la corrupción y el crimen de Estado nadie hubiera dicho que las cosas iban a acabar de este modo. El PP tendrá que renovarse de arriba a abajo para poder volver a enarbolar la bandera de la regeneración. En ese sentido, el caso Rato hace mucho más daño al PP que las denuncias de Bárcenas. Precisamente, uno de los puntos de inflexión en la intención de voto del PP en las encuestas se produce justo después de la salida a la luz del escándalo de las tarjetas black de Bankia.

Mientras que Rajoy intenta recomponer a su partido, después de sucesivas derrotas electorales, y a poco más de dos meses de las generales, Aznar, por su parte, trata de marcar territorio de cara al Congreso del partido que se celebrará a principios de 2016. Al margen de la imagen de división interna, por más que apele a sus convicciones, a sus sólidos principios, el ex presidente no se puede salvar de la hecatombe, que tiene a Rato como símbolo de la decepción. Para colmo, Jorge Dezcallar, al que Aznar nombró director del CNI en 2001, ha lanzado sobre él, en su libro Valió la pena, durísimas acusaciones. La peor de todas, haber engañado a la opinión pública entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 sobre la autoría del 11-M. Uno de los miembros del gabinete en esas fechas me dice: "A mí me dijo por teléfono que lo más probable es que el atentado lo hubiera cometido ETA". La deslealtad, dice Maquiavelo, es una de las características de las fuerzas mercenarias.

La falta de reacción ante los sucesivos fracasos electorales, la división interna y el caso Rato colocan al PP en la peor situación para afrontar con garantías la cita del 20-D.

 


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