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30 de septiembre de 2020

La dama de Cádiz

"Uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de España"

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COPE

Javier Sierra nos cuenta la historia del descubrimiento hace 40 años de un sarcófago femenino en la calle Ruiz de Alda del centro de Cádiz, justo debajo de dormitorio de un chales del arqueólogo Pelayo Quintero quien había ya buscado este sarcófago femenino pues en el siglo pasado habñia aparecido un sarcófago masculino de similares características

El viernes 26 de septiembre de 1980 se comunicó al Museo de Cádiz el hallazgo de una tumba en un solar de la calle Ruiz de Alda, donde se estaba construyendo un edificio. Dado lo avanzado de la hora y la proximidad del fin de semana, se indicó que se cubriera con arena para proceder a su excavación a partir del sábado. El lunes 29, el personal del Museo se encontró con la sorpresa de que se trataba de un sarcófago antropoide, esta vez con una figura femenina labrada en su tapa.

El sarcófago se encontraba protegido por una funda de sillares verticales alrededor de la tapa, que habían sido labrados interiormente siguiendo la forma antropoide, y quedaba cubierto por bloques de piedra de gran tamaño, ahuecados para proteger la cubierta. Una excavadora había chocado con la tumba, desplazando la cubierta y seccionando la tapa a la altura de los tobillos.

En la tapa del sarcófago se indicaban los rasgos físicos de una figura femenina. La cabeza, en altorrelieve, corresponde a los rasgos de una mujer joven peinada con tres filas de bucles en forma de bolas. El rostro tiene una expresión serena y reposada. Los ojos son grandes y de párpados gruesos, la nariz recta y la boca pequeña. El cuello queda indicado por una pequeña depresión que parece imitar el borde superior de la túnica. El vestido es liso, sin pliegues ni cinturón, no se marcan las mangas y debe pensarse que todos los complementos decorativos se indicarían mediante pintura, que ya no se observa. La única policromía que permanece es la del pelo, de color rojizo. La mano derecha está extendida y abierta, mientras que la izquierda se pliega sobre un alabastrón alargado.

En la excavación no se detectó otro objeto o estructura constructiva relacionado con el sarcófago. No existían trazas de si se abrió una zanja con rampas para bajarlo, pero la falta de cualquier paramento para la contención de la arena invitaba a pensar que se abrió un espacio amplio hasta unos dos metros de profundidad bajo el nivel natural y que el sarcófago se colocó en el fondo, procediéndose después a su revestimiento con los sillares ya preparados.

La descomposición de los restos humanos y de las envolturas con las que se habían preparado formaron una capa homogénea de tierra ennegrecida, posiblemente por la penetración de algunas raíces, que tenía unos siete centímetros de profundidad y en la que se contenían los huesos y algunos objetos. Sólo quedaban por encima de este relleno la parte superior del cráneo y la arista externa de las tibias.

La disposición de los huesos indicaba que el cadáver había sido colocado con los brazos estirados y las manos recogidas sobre la pelvis, la izquierda sobre la derecha, y que se le había vendado fuertemente de modo que la columna vertebral estaba sensiblemente doblada y que las rótulas quedaban en contacto.

A los lados del cráneo se encontraron unas pestañas de bronce que indican la existencia de una máscara funeraria; esta máscara formaría parte del estuche cuya forma se vació en el fondo de la caja. Cuatro clavos de bronce hallados junto a los pies deben corresponder a otro estuche similar que cubriría esta parte. El resto del cadáver podía ir cubierto con cartones estucados y pintados al estilo de los sarcófagos egipcios tardíos.

Los restos de tejidos, de los que a simple vista se observaban hasta ocho capas superpuestas, invitaban a pensar en una momificación parcial a base de vendajes muy apretados, mejor que en un sudario único.

Los únicos objetos de ajuar eran piezas de uso muy personal, sin valor material. Se trata de un escarabeo de calcedonia verde y cinco pequeños colgantes de loza en forma de ureus.

Dama fenicia de Cádiz
Sarcófago con mujer joven de la clase dominante realizado en torno 470 a.c.

 

EL ESPAÑOL 

Cae uno de los mitos arqueológicos fenicios: la Dama de Cádiz era un hombre

Un estudio científico señala que el esqueleto que se hallaba en el interior del sarcófago femenino de origen fenicio era de un varón. 

Sarcófago de la Dama de Cádiz

Un estudio científico auspiciado por la profesora de Historia de la Universidad de Cádiz Ana María Niveau de Villedary y la antropóloga Milagros Macías ha podido determinar que el esqueleto que se hallaba en el interior del sarcófago femenino de origen fenicio, encontrado hace 40 años en la capital gaditana, no era de una mujer sino de un hombre.

A esta conclusión han llegado ambas investigadoras tras analizar los huesos, lo que también les ha permitido calcular su edad cuando falleció y algunos rasgos físicos, según la presentación del estudio realizada en el Museo de Cádiz.

Niveau de Villedary relató que el estudio forma parte de una investigación más amplia sobre restos óseos fenicios encontrados a lo largo del Mediterráneo, dentro de las actividades desarrolladas por el Grupo de Investigación HUM 509-Phoenix Mediterránea en el marco del Proyecto internacional Paleogenetic Study of the Phoenician Period, codirigido por los doctores Pierre Zullua y Lisa Matisoo-Smith.

El sarcófago antropomorfo femenino apareció el 26 de septiembre de 1980 y suponía el segundo en Cádiz, tras el masculino hallado en 1887. Niveau de Villedary y Mila explican que cuando acudieron al Museo de Cádiz para iniciar su investigación y cuando les entregaron los restos óseos, con el esqueleto casi completo, la antropóloga se preguntó si aquella caja no era una confusión porque, a simple vista, se podía intuir que eran restos de un hombre y no de una mujer.

"Claramente eran huesos de un hombre, pero había que comprobarlo científicamente", explica Niveau de Villedary, de ahí que hayan dedicado este último año a finalizar esta investigación.

Se hizo mediante una inspección macroscópica y una oseometría, que corroborararon la masculinidad del individuo enterrado mediante las medidas la pelvis, el cráneo o el aspecto general del esqueleto. Los huesos, además, tienen inserciones musculares muy marcadas, lo que revela que se trataba de un hombre robusto.

Muy alto

También este estudio ha podido determinar que no era un hombre joven cuando murió, sino que rondaría entre los 45 y los 50 años, y se estima que medía entre 1,68 y 1,72 metros, una altura bastante considerable para la época.

El análisis ha podido comprobar que presentaba algunas lesiones en costillas y vértebras, cierta artrosis, pérdida de algunos dientes y que tenía muy desarrolladas una rodilla y un hombro, algo propio de algún deporte. Niveau de Villadery ha contado que en el sarcófago apareció un sello que representaba a un hombre lanzando una honda, una actividad que podría provocar las afecciones que presentaba el cuerpo.

La investigación abre hipótesis sobre por qué se usó un sarcófago con forma de mujer para enterrar a un hombre, como que pudo ser una reutilización familiar del sarcófago, y que, incluso esta reutilización pudo no ser fenicia, sino romana o de una época posterior.

El mal estado de los huesos ha impedido hasta ahora que hayan dado resultados o conclusiones definitivas las pruebas de Carbono 14 o ADN para determinar la edad del individuo y su antigüedad, aunque algunas muestras siguen en laboratorios esperando resultados.

La investigación sigue viva y, de hecho, se cree que, igualmente, los restos del sarcófago masculino hallado en 1887 pertenecían en realidad a una mujer

 


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