Luto nacional
25 de octubre de 2020
 
   
     
     
VER-ORIGINAL
Últimas Noticias/Entrevistas
«Adiós ríos, adiós fontes» [La canción del día]
Vienen tiempos tenebrosos... [La actualidad económica]
El paseillo del Tron 23 OCTUBRE 2020 [El paseillo del Tron]
García Egea y la moción de censura [Entrevistas]
El triunfo de Casado en la moción [Editoriales]
Nuevo álbum: «Siete veces sí» [Entrevistas]
Sugerente colección de rimas.. [El Grupo Risa]
volver  
 
1 de abril de 2020

Entrevista a Antonio de la Torre

Entrevistado: "Antonio de la Torre"

"Algo que empezó como un sueño y se convirtió en una pesadilla" 

Descargar

 

COPE

Antonio de la Torre, actor y periodista español ganador de dos Premios Goya, presenta la nueva mini serie "La línea invisible" en la que da vida al inspector Melitón Manzanas, el primer asesinado por la banda terrorista ETA.

"La línea invisible" es una miniserie de 6 episodios de 45-50 minutos que se estrena el día 8 de abril en Movistar Plus.

 

'La línea invisible', es una serie dirigida por Mariano Barroso para Movistar+, se estrena el 8 de abril . La historia se centra en el origen de ETA y el primer asesinato de la organización, que tuvo como víctima al guardia civil José Antonio Pardines.

 

EL MUNDO

'La línea invisible', el primer paso de ETA hacia el abismo 

La serie de Mariano Barroso rastrea en el origen de la banda terrorista a la vez que se propone como obra complementaria a la adaptación de 'Patria', que retrasa su estreno por la pandemia

Àlex Monner, que da vida a Txabi Etxebarrieta, en una secuencia de 'La línea invisible'.

"Ésta es la historia más triste que jamás he oído". Así empieza la novela El buen soldado. En ella, Ford Madox Ford cuenta sin aspavientos dos suicidios, dos vidas arruinadas y el descenso a la locura de una joven. Triste sin duda, pero no insuperablemente triste. Basta mirar la tele y, entre el desglose demoledor de cifras, atender a la inminente presencia de otra historia aún más triste. De repente, ETA. El coronavirus, siempre él, ha evitado que en la pantalla coincidan dos series quizá complementarias. Por aquello de las rimas fáciles, bien podría decirse que una se refleja en el espejo de la otra. "La nuestra mira al presente desde el pasado; Patria, al revés, contempla el pasado desde el presente", comenta Mariano Barroso, director de La línea invisible, que verá la luz en Movistar el próximo 8 de abril. La adaptación de la novela de Fernando Aramburu que cuenta la relación de dos familias, víctima y victimario, tardará más. El confinamiento ha sorprendido al equipo, como a todos, en la recta final de la posproducción.

  Hasta la peor pesadilla puede que empiece con un sueño.

MARIANO BARROSO

Para situarnos, la propuesta de seis capítulos que se estrena en mitad de la pandemia viaja al 7 de junio de 1968. Al día exacto en el que empezó todo. Todo lo triste. Txabi Etxebarrieta asesinaba a la primera de las 853 víctimas que vendrían después. El guardia civil gallego José Antonio Pardines, de 25 años, caía tiroteado casi por error. Pocas horas después, el propio Etxebarrieta era abatido, también por algo parecido a otra equivocación, en un enfrentamiento con la guardia civil. Era el primero, como se lee en el frontispicio de la serie, "en matar y también en morir". Luego, a modo de venganza tal vez, caía el inspector Melitón Manzanas. Y luego, error tras error, todo fueron desplomes. Tan triste.

Antonio de la Torre, que da vida al inspector Melitón Manzanas, en un momento de 'La línea invisible'.

"Me fascina la idea de acercarme siquiera a saber cómo empezó todo", dice Barroso a modo de presentación. "Queríamos hacer abstracción de lo que sabemos ahora y contar esa zona oscura de nuestra historia. Nuestra historia, de hecho, está llena de zonas oscuras", añade, se toma un segundo y se luce con una frase quizá demasiado brillante: "Hasta la peor pesadilla puede que empiece con un sueño". La línea invivible cuenta la historia del oficialmente declarado primer mártir de la causa. Kepa Aulestia, político, escritor y firmante del Pacto de Ajuria Enea contra el terrorismo, razona que su figura era tan excepcional y distinta que, rápidamente, "se convirtió para buena parte del nacionalismo en héroe sacrificial". Y sigue: "Era una personalidad muy singular que no se asemeja en nada a los que luego han integrado la banda. Se trataba de un estudiante brillante, preocupado por la informática, poeta y procedente de una familia más o menos bien. En un entorno ágrafo, él escribe. Es el hombre que habría podido ser muchas cosas y se deja matar. Estamos en un entorno de una cultura católica muy arraigada y el activismo es considerado la respuesta al pecado de omisión".

La serie cuenta un esbozo de su vida, pero también dibuja la de la víctima, Melitón Manzanas. Del primer personaje se encarga de forma más que notable el catalán Àlex Monner y del segundo, de manera absolutamente sobresaliente, el andaluz Antonio de la Torre. Los lugares de origen, por aquello de la universalidad de las historias que importan, importan. Y en el relato de cada vida, la serie, como figura en el libro blanco del guionista Michel Gaztambide, se mantiene a distancia tanto de cualquier maniqueísmo como de la siempre culpable equidistancia. "Es imposible", comenta el libretista, "trabajar desde la hostilidad a los personajes. Acercarte a ellos de una manera humana no te contagia el mal sino que, al revés, te permite conocerlo".

  Se trataba de un estudiante brillante, poeta y procedente de una familia bien.

KEPA AULESTIA

"Es compatible", añade a su lado Barroso, "ser un perfecto villano y ser a la vez un tipo adorable. No se trata de repartir carteles de buenos y malos, sino de acercarse al origen de la banalización del dolor ajeno, a cómo la incapacidad para la empatía puede destruir un pueblo. Por lo visto, Melitón Manzanas hablaba euskera y el líder de ETA, no. Es sólo un detalle de hasta que punto cuando miras de cerca un problema, los tópicos, las ideas preconcebidas y los eslóganes dejan de funcionar". Y una más del guionista: "Es cierto que se trata de una tragedia en forma de thriller, pero no es menos cierto que un primer impulso para hacer la serie fue la certeza de que una sociedad necesita digerir sus fantasmas. Es un error esa obsesión por alentar al olvido como si se tratara de una pastilla que cura... no cura nada".

Manifestación en Bilbao en memoria del miembro de ETA Txabi Etxebarrieta en junio de 2018

Y ahora, la pregunta a la vez ingenua y, de nuevo, triste: de no haber pasado lo que ocurrió, ¿la historia de ETA, del País Vasco y de España entera habría sido distinta? La serie, que no es documental, se mantiene al margen de una respuesta clara, pero, a su manera, y por el propio mecanismo de la dramaturgia que la mueve, la deja entrever. Sí, todo resulta tan excepcional que, efectivamente, aquel instante, aquella línea rota, lo decidió todo. Los historiadores y estudiosos de la materia no lo tienen tan claro. El citado arriba Aulestia, en calidad de experto por implicado personalmente en la política de entonces y diputado por Euskadiko Ezkerra, está convencido de que todo pudo ser distinto. Y además lo está por el peligro que lleva consigo, en su opinión, sostener lo contrario: "Hay que echar abajo la teoría del sufrimiento de ETA y del futuro ineludible. Esa suposición descansa sobre el mito de un pueblo irredento que se remonta a las Guerras Carlistas. Es absolutamente falso. Ni siquiera es cierto que la Guerra Civil fuera más cruenta en Euskadi que, por ejemplo, en Cataluña. Además, recuerdo perfectamente cómo aquello fue un 'shock'. Yo era un niño, pero vi a nacionalistas, provengo de una familia nacionalista, que no daban crédito. La gente se miraba y se decía ante la muerte de Melitón: 'No, los vascos no matamos'. Aquel atentado lo cambió todo".

  La ideología delirante de un lado y la brutal represión del otro anunciaban la posibilidad cierta de un conflicto desmadrado.

IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA

Para el sociólogo Ignacio Sánchez-Cuenca --cuyo último libro, The Historical Roots of Political Violence (Cambridge Studies), establece un análisis comparativo de todos los movimientos terroristas de los 60--, la tesis, y por motivos distintos, es más bien la contraria: "Había condiciones para que saltara la chispa por cualquier otro motivo. Por el lado de ETA había una fijación con lo ocurrido en Argelia, que alcanzó un acuerdo con el Estado francés tras mantener una lucha armada, y empezaron a analizar su relación con el Estado español como un conflicto colonial. La insurgencia de Vietnam también influyó. Y eso ya estaba ahí, independientemente de Txabi. Y por el lado del Estado, estaba el hecho de que cualquier actividad de la banda generaba una reacción fortísima. La policía llegó a detener a 3.500 personas en una redada. Echaban las redes y a ver qué caía. Eso generó unas dinámicas de resentimiento muy profundas. Es decir, la ideología delirante de un lado y la brutal represión del otro anunciaban la posibilidad cierta de un conflicto desmadrado como así fue".

Foto de archivo del comisario Melitón Manzanas.

Luis De la Calle, politólogo y autor de Nationalist Violence in Postwar Europe, destaca el hecho de que el asesinato de Melitón Manzanas estaba ya planificado meses antes de la muerte de Etxebarrieta como, en efecto, ilustra la serie. Y se queda con este dato para subrayar que el paso, el cruce de la línea, ya estaba dado. "Hay un libro de Xabier Zumalde, llamado El Cabra, quien fue el encargado de los comandos militares de ETA a finales de los 60 y principios de los 70. En él se cuenta cómo realizaban adoctrinamiento militar en montaña. Su acción más famosa fue la toma durante unas horas de un pueblito perteneciente al municipio de Durango, ante la asombrada mirada de los paisanos del lugar. Pues bien, Zumalde bien podría haber sido el mártir en vez de Txabi si en una de aquellas caminatas se hubieran cruzado con guardias civiles. El acto de Etxebarrieta fue anecdótico, incluso contraproducente, porque quemó a varios de los mejores militantes de la organización en ese momento".

Sea como sea, y ante la imposibilidad de imaginar la historia de otra manera, lo que queda es la necesidad --o, cuanto menos, oportunidad-- de volver a ella; de regresar al pasado. ¿Y por qué ahora? ¿Por qué coinciden, o casi, La línea invisible y Patria precisamente en este momento? "Durante mucho tiempo y tras la dictadura", toma la palabra Aulestia, "la ficción vivió un proceso de empatía o de comprensión con la lucha armada o el terrorismo, como se quiera. Pienso en la película La fuga de Segovia, de Imanol Uribe. Se olvidó completamente a las víctimas. Hasta los años 80, por muy sorprendente que pueda resultar ahora, no se habló de ellas. Se hablaba de ETA por la vía de los activistas y por lo que tenía de conflicto político. Ahora, y gracias sobre todo al extremado realismo de una novela como Patria, es el momento de hablar de todo y de todos, pero sin perder el norte moral".

  Yo fui uno de esos vascos acojonados que se quedaban en casa y, por eso tal vez, la obligación de volver y entender.

MICHEL GAZTAMBIDE

En opinión de Sánchez-Cuenca, la novela de Aramburu vuelve a ser la clave de bóveda: "Es la primera novela que se puede permitir el lujo de contar todos los ángulos del asunto. Mientras estaba activa ETA, lo que abundaba era, comprensiblemente, la literatura de trinchera o de sentimientos.Los peces de la amargura, por ejemplo, que es un texto anterior del mismo autor, no tiene el mismo éxito y en muchos aspectos refleja el mismo dolor que Patria, pero está ausente la otra parte, ésa que no era posible contar mientras había asesinatos. Cualquier intento de retratar el mundo de los etarras podría ser entendido como una manera de justificarlos. Digamos que ahora, y desde una posición moral clara, es el momento de reflexionar con tranquilidad y claridad".

Para De la Calle, lo que se dirime, y de ahí la abundancia de oferta, es una lucha por la legitimidad del relato. Y lo aclara: "Siento que existe la necesidad de que la cultura solidifique la versión generalmente aceptada de que ETA acabó derrotada por la fortaleza del Estado frente a los esfuerzos de varios autores por resaltar la hipótesis contraria; aquello de la derrota de los vencedores". Y ahí, sin más precisión, lo deja. Gaztambide, el guionista, habla de la serenidad de ahora y del miedo de entonces: "Yo fui uno de esos vascos acojonados que se quedaban en casa y, por eso tal vez, la obligación de volver y entender". Y Barroso, por último, se queda con un detalle y una frase. El detalle es ver llorar a gente de su equipo, gente vasca, con en el momento de rodar cada una de las muertes. "De las dos", esto es importante. Y la frase es de Gandhi: "La leí antes de empezar la serie y creo que es la correcta: 'Por una causa hay que estar dispuesto a morir, pero nunca a matar'". ¿Era o no era la más triste de las historias?


enviar a un amigo comentar
[Se publicará en la web]
facebook

Traducir de 

Comentarios 0

Administración
  Herrera en la red
  Herrera en imágenes
  Sitios que me gustan
 
©Carlos Herrera 2003, Todos los derechos reservados
Desarrollado y mantenido por minetgen, s.l.