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8 de junio de 2012

El gol y las banderas


LA Selección Española de Fútbol se prepara a conciencia en un pueblo polaco en el que los lugareños han soltado unos cuantos toros para que se sientan ambientados, como en casa. La simbología, ya se sabe. El conjunto de hombres de rojo son la selección a batir, aquellos a los que todos quieren ganar, lo que hace más difícil revalidar el título, pero es un conjunto notable, plagado de superclases y bien dirigido desde la sensatez y prudencia del ejemplar Vicente del Bosque. Es difícil renovar laureles, no obstante. Por cualquier razón, sea esa incógnita o sea otra, la Selección va a ser masivamente seguida por la afición española, en domicilios, en bares, en la calle, solos o en compañía, de amigos o de familia, pero el ánimo que se le va a trasladar a los que jueguen va a ser pletórico, como ocurrió hace cuatro años en Austria o dos en Sudáfrica. 

Si, para desesperación de la muchachada separatista, ganan o hacen un gran papel, de nuevo se llenarán las calles de banderas y camisetas españolas en un ejercicio de escape patriótico de esos que no levantan suspicacias y que hace que el que porte una enseña nacional agitándola al aire no sea sospechoso o culpable de neofascismo. Esos días estará tolerado -por inevitable- lucir símbolos españoles en lugares donde su práctica conlleva miradas de soslayo o, directamente, algún tipo de represalia, y los enemigos oficiales de todo lo que desprenda algún aroma a español no tendrán más remedio que tragarse la viscosidad de sus humores. Será imposible legislar para impedir, por ejemplo, banderas españolas en los balcones. El que la cuelgue podrá mantenerla un tiempo razonable y es muy probable que los que normalmente le soltarían algún exabrupto callen a regañadientes. Será incontrolable la masa de muchachos que paseen por la calle con la camiseta roja y el escudo nacional de la Selección, lo cual, de por sí, no es conflictivo en la mayoría de enclaves de España, pero sí resulta comprometido en según qué partes del territorio. Gracias a unos jóvenes esforzados y virtuosos que ganaron un par de campeonatos ante el delirio colectivo eso volverá a ser posible. 

Pero si no se puede multar a quien exhiba una bandera en un balcón, sí que se puede impedir, o al menos no favorecer, la congregación masiva de individuos de esa especie dañina que son los seguidores de la Selección Española. Los Ayuntamientos de San Sebastián y de Barcelona, uno comandado -que viene de comando- por un proetarra y otro por un independentista vacilante, han tomado la decisión de no instalar pantallas gigantes para el disfrute colectivo del fútbol, que es el disfrute verdadero. Si quieren ser españoles que lo sean en casa. Diferente sería si la selección en cuestión fuera la vasca de levantamiento de piedras o la catalana del tiro de cuerda, que son por ahora las que se pueden constituir de forma oficial por culpa de un ordenamiento jurídico que impide la competición oficial de dichas formaciones cuando compita la española. Lo ha dictado el TC, y por mucho que las formaciones políticas de estos individuos tengan nula consideración por sus sentencias, no van a tener más remedio que contemplarla y acatarla. Esfuerzo inútil, en cualquier caso: sí los jugadores hacen su trabajo y la pelotita entra, volverán a estomagarse ante el espectáculo del personal desinhibido que, por unos días, se sentirá libre de manifestar su apego por símbolos comunes; el que lo tenga, que eso también es libre y, felizmente, no obligatorio. Preparen pues los estomagados por anteriores campeonatos las suficientes dosis de antiácidos. El gol está cerca. 

Hay que traer a Almonte a Angela Merkel para que compruebe que el camino de la salida de la crisis es el camino del Rocío 

EL Papa, como saben, ha concedido el Año Jubilar Mariano al Rocío, con motivo del traslado de la Virgen a Almonte en agosto. Y la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, ha ido a Almonte. Como si fuera un Gobierno de agnósticos laicistas, estos señores del PP han mezclado caracoles religiosos con cabrillas civiles y declarado el Año Jubilar Mariano Rociero como «Acontecimiento de Excepcional Interés Turístico», con rebajas fiscales para las empresas. ¿Qué tiene que ver el Turismo con la devoción a la Virgen? ¿Se habrán creído que es el Año Jubilar Mariano... Rajoy? Por lo visto hay quienes en vez de ganar el jubileo, lo que quieren es ganar votos a costa de la Virgen. No queda ahí el sainete almonteño de la ministra. Hay más, y aguanten la risa. Tras reconocer su fervor rociero, Fátima Báñez dijo sentirse muy emocionada por «el regalo que ha hecho la Virgen del Rocío, aliada privilegiada y embajadora universal de Huelva, en el camino hacia la salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar ciudadano». 

-¡Y la Merkel sin enterarse! 

Eso digo yo: hay que traer urgentemente a Almonte a Angela Merkel para que compruebe que el camino de la salida de la crisis es el camino del Rocío. Y a Guindos y a Montoro, un tamboril y una flauta a cada uno. Y cuando los señores de negro que quieren intervenirnos llamen a la Moncloa, Rajoy debe pasarle el teléfono a la ministra de Trabajo: 

-Fátima, ponte tú, que son los de Alemania... 

Y esa Fátima Báñez, con la medalla rociera al cuello: 

-Señores, que aquí no hay crisis porque estamos saliendo de ella por el camino del Rocío... ¡Viva la Virgen del Rocío! 

Seguro que Fátima Báñez lo dirá con tal arrebatada fe y devoción, que los alemanes que quieren intervenirnos responderán entusiasmados desde Berlín: 

-¡Fifen essen Blanken Palomen! 

Así terminó Fátima Báñez su rueda de prensa turístico-devocional, con un «¡Viva la Virgen del Rocío!». Soraya, aprende. Eso sí que es una media verónica buena para rematar ruedas de prensa. La solución para el debate político es la vieja copla: «Las riñas se vuelven bromas/en cuanto suena una voz  ¡Viva esa Blanca Paloma!». Cuando la oposición les acuse de haber aumentado la debacle económica con los recortes, la respuesta en el Congreso debe ser, a lo Báñez: «¡Viva la Virgen del Rocío!». Ya me estoy viendo a Arenas en el Parlamento Andaluz: «Mire usted, señor Griñán, ¿sabe usted lo que le digo? ¡Que Viva la Virgen del Rocío, viva esa Blanca Paloma!». 

No lo digo yo, lo proclaman ellos mismos: éstos del PP son unos vivalavirgen

Mi homenaje a los vecinos del Prado.- 

Los vecinos del Prado no son un grupo de presión, ni un partido político, ni un sindicato. Y sólo con la razón, el tesón, el trabajo, la ilusión, la tenacidad y la confianza en la Justicia han conseguido parar la lamentable Biblioteca de sus jardines y una sentencia firme para que la derriben. David y Goliat, han tenido enfrente al Gobierno de ZP, a la Junta del PSOE y al Ayuntamiento de Monteseirín, y han podido con todos y librado a Sevilla de ese mamometro (cuyos tiestos rotos ahora debería pagar de su bolsillo el rector que lo mandó hacer). Y en cambio hay otros que con 20 concejales, 20 y con un Gobierno de su partido en Madrid, mayorías absolutas totales, no han sido capaces de parar la Torre Pelli. Deduzco que no tienen lo que los vecinos del Prado: un par de co...misiones de estudio. 

Esos días estará tolerado lucir símbolos españoles en lugares donde su práctica conlleva miradas de soslayo 


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