
Puigdemont durante su regreso y posterior fuga de España en verano de 2024. (AFP)
El TJUE ha dicho que los intereses financieros de la UE no se vieron afectados con el golpe independentista que es una forma de decir que nadie luchará nuestras batallas por nosotros
¿Hablan en serio aquellos que manifiestan sorpresa por la decisión del TJUE de avalar la amnistía y allanar el camino de vuelta a España de Puigdemont? ¿Creían de veras tener alguna esperanza en que la UE denunciara la corrupción política que supuso esa ley después de haber leído el informe del abogado general Spielmann al que el Tribunal ha copiado sus palabras de forma íntegra? Los funcionarios y burócratas europeos han ofrecido un recital de cómo lavarse las manos y que no quede resto de compromiso con la democracia española –y la Justicia–, aclarando que en el derecho comunitario europeo nada impide que se compre un gobierno a cambio de conceder una amnistía. Se declaran incompetentes y aquí no ha pasado nada. No nos engañemos: era lo previsto.
La ley de Amnistía ha sido el caso más escandaloso de corrupción política en la historia de la joven democracia española. Nada menos que obtener una presidencia –7 votos– a cambio de borrar delitos cometidos contra la legislación del país que quieren presidir. La ley, de la que todos los socialistas instruidos afirmaban que era claramente inconstitucional, se estableció por el chantaje que la gente de Puigdemont y la de ERC idearon para someter al autócrata Sánchez, el cual no dudó en obligar a todos a virar sus opiniones –incluido el prevaricador Conde-Pumpido, la pieza clave del enjuague– y en dar aparente curso legal a un bochorno sin precedentes. Igual que han hecho ahora tras la publicación de la sentencia, sacaron a juego conceptos desgastados y embusteros como «convivencia», «reconciliación» y otras mentiras. Desautorizaron a un Tribunal como el Supremo y vistieron de aparente legalidad el infame trueque gracias al trabajo sucio de sus peones en el Constitucional. Ahora, con la falta de compromiso del Tribunal Europeo diciendo «esto no va conmigo», han vuelto a las cursilerías previsibles. El TJUE ha dicho que los intereses financieros de la UE no se vieron afectados con el golpe independentista que es una forma de decir que nadie luchará nuestras batallas por nosotros.
La sentencia, por demás, acerca a Puigdemont, sí, pero no de forma inmediata. El Supremo, supongo, aún tendrá una última palabra. Si a este individuo le diera por volver a España abiertamente antes de que sea anulada la orden de detención que pesa sobre él, puede ser detenido… apuesto que no mucho más de un par de horas. O quizá no, lo ignoro. Pero contará evidentemente con todo el apoyo del Gobierno y de la Generalidad de Illa para que campe a sus anchas, como lo hizo cuando se plantó en Barcelona en la apertura de esta última legislatura catalana, donde fue protegido y ayudado a escapar por la policía autonómica y todo el entorno socialista e independentista. Fue un acuerdo humillante pero que anuncia de forma clara lo que ocurrirá si vuelve.