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Diez Minutos  19 de agosto de 2004

Sandra Domecq, adiós a una dama

Demasiado joven para morir, pero no todas las luchas tozudas contra la enfermedad innombrable tienen final feliz. Sandra Domecq, la que fuera esposa de Bertín Osborne, ha fallecido tras no poco tiempo de pelea cara a cara con el infortunio.

Mujer joven y hermosa, Sandra ha dejado el ejemplo de todos aquellos que se ven en esa desalentadora circunstancia.

La discreción, que siempre fue una característica de esta jerezana de apellidos con solera, le ha acompañado hasta el final: durante los quince años que compartió con Bertín, fruto de los cuales nacieron tres hijas –además de un hijo varón que murió prematuramente–, Sandra supo aguantar tirones con no poca elegancia y mantuvo el plano de manera prodigiosa.

Cuando Sandra y Bertín se separaron, fueron adultos e inteligentes para entablar una relación de afecto y comprensión

Igualmente después, cuando la pareja se separó y cada uno tomó su rumbo, fueron ambos lo suficientemente adultos e inteligentes como para trabar una muy sólida relación de afecto y comprensión que les permitía, por ejemplo, acudir juntos a determinados actos sociales o apoyarse mutuamente cuando lo precisaban.

Sandra vio a Bertín ejercer de auténtico conquistador y Bertín vio a Sandra casarse por segunda vez, separarse, y después establecer una relación con otro hombree que la quiso mucho.

En estos tiempos de enfermedad me consta que él ha procurado estar todo lo cerca de ella que ha podido y que su muerte le habrá provocado un mayúsculo desconsuelo.

Bertín, con todas sus extravagancias, es un excelente tipo, amigo de sus amigos, generoso, desprendido y leal. Parece que la última petición que le realizó Sandra a su ex marido fue la de que sus cuatro hijas permaneciesen unidas y, a ser posible, juntas. Así se ha dispuesto.

En los tiempos de su enfermedad, el cantante ha procurado estar al lado de su ex y su muerte le ha provocado desconsuelo

Sandra Domecq Williams, hija de español y británica, jerezana de exquisita educación inglesa, no ocultó los signos inequívocos de su enfermedad ni siquiera cuando casó a su hija mayor.

Cuando todo parecía indicar que había ganado su primera batalla, una fatal y rápida recaída le hizo perder la guerra a los cincuenta y un años. Demasiado joven, digo. Demasiada vida por delante. Fatalidad.

No pocos enfermos de cáncer han podido comprobar que se le puede doblar la mano a la enfermedad y que se puede seguir adelante, pero no está la ciencia aún preparada para solventar en todos los casos este proceso degenerativo con meros trámites quirúrgicos o médicos.

Faltan años para eso. El día que eso se consiga nos acordaremos de todas las sandras que no llegaron a tiempo. 


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14/07/2007 21:13:19 Sandra
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