22 de mayo de 2015
 
   
     
     
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El Semanal  10 de mayo de 2015

Goytisolo y la alegría


Familia GoytisoloLa familia Goytisolo no forma parte de mi universo literario más inmediato. Lo cual no obsta para rendirle todo tipo de homenajes sinceros: José Agustín me alcanzó con algún verso suelto; Luis está inédito para un servidor, ya que nunca encuentro el momento de ponerme a ello; y a Juan sí le reconozco haberme pellizcado en algún relato. Entré en Juan Goytisolo merced a la pintura en verbo con la que describía La Chanca, superior a mi entender a Campos de Níjar. Quizá fuera el momento vital, la necesidad de cambiar el registro de las palabras, las ganas de viajar del texto al diccionario, el amor por la tierra, no sé, pero la descripción de un simple barrio de Almería a través de los ojos de un viajero permanentemente hospedado en las angustias me cautivó. Cuando quise entrar en Señas de identidad, había yo cambiado el paso y no lo hice tan triunfalmente. Me costó y no deja de ser ese cuadro por acabar que solo te produce pereza a la hora de tomar los pinceles.

Si me preguntan si el placer y la impresión que me produjo en aquel preciso momento leer La Chanca justifica en mi opinión la concesión del Premio Cervantes, les diré que sí, como otros lo justificarían a Sánchez Ferlosio por el día en que leyeron El Jarama o a García Hortelano por Tormenta de verano. Una obra concreta nos abre los cauces hacia universos no conocidos en la expresión y eso es lo que diferencia a un buen escritor de un sencillo escritor. Si me preguntan, eso sí, si creo que Goytisolo merecería tener un espacio para él solo en El club de la comedia, ya les digo que no. Es un pésimo representante de sí mismo y no lo ha llamado Dios para sentarlo en el pescante de una carreta contando chistes camino del Rocío. Es seco, soso y triste, y su conversación no entro en círculos íntimos donde se exprese con otra soltura sume a cualquiera en un desconsuelo y una aflicción insuperables. Quien le haya entrevistado, por ejemplo, lo sabe. Pero lo que me interesa de un creador, como parece obvio, no es su facilidad para hacer amigos con el trato: antes bien es su facilidad para encadenar su relato a nuestras vidas, y en líneas generales eso es algo que Goytisolo realiza magistralmente. Los gustos, no obstante, van por barrios y hay a quien Juan Goytisolo no le hace ni pizca de gracia ni en uno ni en otro sentido. Qué se le va a hacer.

La polémica ha surgido precisamente con la concesión de este Premio Cervantes que él se había hartado a afirmar que jamás aceptaría y que, como sabemos, ha aceptado. Ahora está de moda rechazar premios, sobre todo si se conceden bajo el amparo de un gobierno de derechas: ha pasado con el de Música, el de Narrativa o el de Fotografía. Pudo haber pasado con el Cervantes, de haber sido Goytisolo como Sartre, que rechazó el Nobel y advirtió de ello previamente a que se lo concediesen, dicen algunos que enfurecido por haberlo recibido antes Camus que él o por no despertar celos en Simone de Beauvoir. No, Goytisolo se lo pensó mejor y acudió a recogerlo y a recaudarlo. Eso sí, a su manera, con cierto y calculado desaliño y armado de un discurso tan seco y desesperanzado como él mismo. Digamos que el discurso de Juan Goytisolo es legítimo y posiblemente sea el que se espera de un intelectual en permanente proceso de desencanto, aburrimiento y angustia, fiel a la labor final de conciencia amarga que siempre se les atribuye a los pensadores y narradores. Pero ha sorprendido que la visión de Goytisolo sea tan severa y crítica con su país de origen y tan complaciente, en cambio, con el de acogida, Marruecos, donde vive. Como es sabido, Marruecos es un ejemplo de igualdad de oportunidades, expresión democrática y progreso educativo y social. De ello jamás ha dicho nada el autor de Juan sin tierra, el cual al parecer confundió (como escribió el genial Iñaki Ezquerra) la ceremonia del Cervantes con la gala de los Goya. Ha sido muy reprochado por esto último, y probablemente de forma merecida.

Pero no es conveniente que por ello no quede tiempo para recrearse con lo mejor de su obra, que es lo que merece la pena casi siempre de las personas. De esta, desde luego.
 


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Comentarios 3

16/05/2015 18:29:43 victor
16/05/2015 18:16:07 victor
11/05/2015 13:03:05 J. Bodas
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