20 de diciembre de 2014
 
   
     
     
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El Semanal  6 de mayo de 2012

Les Luthiers, Príncipe de Asturias



Les Luthiers son un manguerazo de agua fresca que lleva con el grifo abierto un puñado de años. ¿Qué decir de ellos que no se haya dicho ya? A lo ancho del mundo entero, especialmente el hispano, los ‘lutheriólogos’ son legión, acuden a sus convocatorias de forma masiva y se saben de memoria sus trabajos. Ellos, con el paso del tiempo, han conseguido mantener el talento, renovar existencias y actualizar su público con nuevas generaciones. Cuando se anuncian en cualquier plaza, las entradas quedan agotadas en pocas horas, sea cual sea el aforo y haga el frío o el calor que tenga que hacer. Frases y conceptos de sus discos, vídeos o escritos forman parte del discurso tradicional de muchos hispanohablantes: a este cronista, por ejemplo, le gusta preguntar a una colaboradora de su programa por la música final del programa utilizando una expresión feliz de Daniel Rabinovich en una pieza memorable: «¿Te gusta el cantito?». Como la anterior, una legión de seguidores ha incorporado la expresión «hacer pie en la tierra del inca» sustituyendo a la más sencilla ‘hincapié’. Y así hasta lo incontable. Johann Sebastian Mastropiero, su hermano Harold, su nodriza Teresa Hochzeitmeier y su tía Matilde son prácticamente de nuestra familia, como Esther Piscore o como Heriberto Tchwok. Todos, protagonistas de relatos que han sido universalmente calificados de ‘humor inteligente’. La peripecia histórica de la banda, por demás, es de sobra conocida: nacieron en la universidad argentina de los sesenta, y de cabaré en cabaré dieron forma a ese grupo de comediantes caracterizado por fabricar instrumentos imposibles (que curiosamente suenan) y que ha dado varias veces la vuelta al mundo. En el caso concreto de un servidor, los vi por vez primera en el cine teatro Yara de La Habana, en el centro mismo de El Vedado, allá por el final de los setenta. Fueron monumentalmente geniales y me prendieron y prendaron para siempre. Desde entonces, no puedo resistir la tentación de seguirlos por donde aparezcan.


Por fin alguien ha decidido, con buen criterio, reclamar para ellos el premio Príncipe de Asturias de las Artes, el que distingue año a año actividades culturales en todo en el ámbito hispano. Son un ejemplo de libro, unos candidatos indiscutibles. El premio se distinguiría a sí mismo incorporando a unos premiados como Les Luthiers, y estos recibirían un premio justo a sus años de trabajo infatigable y frondosamente genial.


Pero parece haber un problema, o como tal se anuncia: son argentinos. La corrección política, la tartamudez imaginativa y otras lacras de todos conocidas parecen haber aconsejado mirar hacia otras candidaturas con tal de no excitar ningún tipo de debate referente a la conveniencia de premiar a un argentino después del robo con nocturnidad de la empresa YPF por parte del gobierno de Fernández de Kirchner. Nadie en el jurado ha manifestado nada en ese sentido, pero corrientes de presión ya se han significado en la dirección mentada. ¡Como si a Repsol la hubiese expropiado Les Luthiers!


Aún queda tiempo para que se decida el nombre que habrá de pasear un galardón tan importante como el que patrocina con su nombre el príncipe de Asturias, cuya fundación trabaja concienzuda y brillantemente para mantener el nivel de prestigio que ha adquirido el premio después de muchos años de una velocidad de crucero más que correcta. Cuando eso se produzca, cuando se reúnan los miembros del jurado durante dos días y decidan quién es el indicado para recibir la distinción, podremos elucubrar sobre todas las conspiraciones debidas, pero digamos de antemano que es absurdo posponer un reconocimiento inevitable por razones de coyuntura políticoeconómica. Los ciudadanos no tienen por qué ser responsables de las acciones de sus gobiernos; y los artistas merecen ser considerados entes autónomos, independientes de los marcos geopolíticos en los que se desenvuelven, especialmente si demuestran no vivir de ellos, como es el caso.


Sean argentinos o siberianos, Les Luthiers merecen el aplauso institucional de la misma forma que llevan años recibiendo el del público más exigente del mundo. Dicho quede. www.xlsemanal.com/herrera

 


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Comentarios 2
16/05/2012 15:02:47 carmen
07/05/2012 14:47:18 Raquel
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