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Carlos Herrera  
Diez Minutos, 9 de enero de 2004
El ministro de Fomento, la comidilla

Como ya adelantó DIEZ MINUTOS en la portada de su edición anterior, la separación matrimonial de Francisco Álvarez-Cascos y Gema Ruiz es un hecho.

Más allá de lo delicado de la situación personal de cada uno –en especial de ella, que es a quien le correspondería el papel más áspero de los dos– este desajuste conyugal, tan habitual por otra parte en la sociedad actual, combina algunas consideraciones de carácter político que a nadie se le escapan, aunque vengan poco a cuento.

La separación de ambos y la relación de él con una galerista de arte era una comidilla recurrente en los círculos "generalmente bien informados" de la corte, los cuales jugaban constantemente a las adivinanzas con el ministro del gobierno que mantenía una relación paralela que, antes o después, acabaría con la estabilidad de su unión. Había quien mantenía que no era necesario disponer de la astucia de un lince para saber de quién se trataba.


A ella le espera un pequeño calvario de cuchicheos, él parece ponerse el mundo por montera y obrar acorde con sus impulsos

Se hablaba del responsable de las obras públicas del gobierno de Aznar, ya que la especial contumacia del personaje en ese tipo de áreas saltaba a la vista de cualquiera.

Bueno, yo no lo sé, y debo decir que tampoco me importa mucho.

Vengo defendiendo a lo largo de muchos años que la vida privada de los responsables públicos es exclusividad de ellos siempre que ésta no contradiga su discurso político: es decir, si se comprueba que un político ferozmente antiabortista ha obligado a abortar a una jovencita con la que ha mantenido relaciones no cabe duda de que ello debe señalarse y censurarse, pero si dos personas adultas, en la esfera del gobierno, se separan tras el abandono de uno de ellos, lo mejor es informar, evidentemente, pero no meterse en camisa de once varas.


Lo que hay que exigirle a Cascos es que haga buenas carreteras y se dé prisa en acabar las obras. Lo otro es cosa de dos o de tres

¿Qué sabemos nosotros de lo que realmente pasa en una pareja?
Un universo tan complicado como ése no es abordable en opiniones ligeras y, posiblemente, injustas.

De este caso concreto sólo sabemos que ella, madre de dos hijos, es joven a la que le espera un pequeño calvario de miradas y cuchicheos, mientras que él, más experimentado en lidiar con la opinión pública, parece ponerse el mundo por montera y obrar acorde con sus impulsos sin atender a otras consecuencias que las estrictamente personales. Allá cada cual.

Lo que hay que exigirle a Francisco Álvarez-Cascos es que haga buenas carreteras y que se dé prisa en acabar las obras del aeropuerto de Barajas: lo otro es cosa de dos. O, en este caso, de tres.

Las explicaciones se las debe a ella y a los suyos. Ni siquiera a Aznar, aunque esté que trine, fíjense.