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Carlos Herrera  
Diez Minutos, 19 de junio de 2004
El fútbol es cosa... de mujeres

El debate viene de lejos: eso de saber si es conveniente que las mujeres y novias de los deportistas convivan con los mismos durante la concentración de una gran cita competitiva arranca desde los últimos sesenta, cuando las modernidades conceptuales luchaban por hacerse hueco en las costumbres.

Unos dicen que eso no hace más que desconcentrarles y otros aseguran que de esa manera están más relajados y consiguen una vía de escape para sus lógicas tensiones. No sé yo.

La verdad es que esos jugadores llevan poco tiempo casados y aún están en lo de rechupetearse los dedos, pero díganle a cualquiera que lleve media vida casado si quiere que su pareja se presente en una concentración de amiguetes... más de uno le dirá aquello de "¿aquí también?".

Si el equipo agraciado por la presencia de las féminas pierde, las iras irán contra ellas. Si gana, querrán que estén hasta en el calentamiento

En esta Eurocopa que ha comenzado tan vigorosamente para algunos se ha vuelto a abrir la discusión. Ésta tiene el inconveniente de que si el equipo agraciado por la presencia de las féminas pierde, entonces las iras se dirigirán hacia las mismas, aduciendo que no hacen más que despistar a los muchachos.

Si, por el contrario, arrasan, la afición las convertirá en mano de santo y querrán que estén con ellos hasta en el calentamiento por las bandas. Porque la cosa va de eso, de calentamiento.

La mujer de Beckham, por ejemplo: la visita a la selección inglesa de la fibrosa Victoria Adams debe acarrear más revuelo que otra cosa y no me la imagino conviviendo en las mismas condiciones medianamente austeras que las demás.

Al propio David, que falló el penalti clave que permitió la victoria francesa en uno de los partidos más vibrantes de los últimos años, le gustaría más dejar de ser objetivo de los flashes de las cámaras que no son estrictamente deportivas, y eso con la spice al lado es prácticamente imposible.

Lo mejor, tal vez, sea que esposas y novias vayan a la grada y que pasen por el hotel acabado el partido para felicitar a sus parejas

Los futbolistas, ya sabemos, se gastan por lo general unas esposas de quitar el hipo, pero no dejan de ser las suyas.

Los solteros y los golfos, que no tienen por qué coincidir, aprovecharían la concentración para montar unos fiestorros de aúpa, tipo fiesta de cumpleaños de Ronaldo, y no me da que eso fuera a ser excesivamente bueno para su rendimiento.

Total, un lío. Lo mejor tal vez sea que vayan las esposas y las novias a la grada y que se pasen por el hotel una vez acabado el partido para felicitar efusivamente a sus parejas. Una vez hecho lo que tengan que hacer --palabras, mimos, consuelo afectivo en el caso de la derrota--, que dejen a los señoritos dedicarse al calentamiento meramente futbolístico.