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Carlos Herrera  
ABC, 28 de febrero de 2026
Eternamente, Yolanda

Sánchez les ha comido el espacio a Díaz y a ese grupo de amiguetes que quiere llamarse Nuevo Frente Amplio

Hay gente que nace con vocación involuntaria de cómic. Con destino irremediable de convertirse en meme. Es cierto que la política es ingrata, desagradable y arbitraria. Es cierto que transforma en objeto de burla y escarnio a cualquiera de quienes la pueblan y que, a poco que te escantilles, te cuelgan un sambenito que te persigue de por vida. Pero también es cierto que hay quien lo pone más fácil y quien lo hace más difícil, quien desde el principio parece una caricatura y a quien no se le ven las costuras de forma tan evidente. Yolanda Díaz es caricatura y lo será eternamente, como la canción. Entra en terrenos movedizos de los que cualquier mortal sabría salir con facilidad pero a ella la disuelven en un pis pas, y ha conseguido que, desde el primer momento, supiéramos que estábamos ante un bluff de dimensiones cósmicas y ante una incapacitada para el desempeño administrativo de cualquier estructura. El único problema es que quedó situada al frente de la administración de los asuntos de trabajo de España y, además, en una vicepresidencia del Gobierno. De haberse quedado en la representación sindical de los trabajadores gallegos, un poner, o en cualquier trabajo a su altura, nunca los españoles habríamos tenido noticia de un personaje digamos tan singular. Pero la política, de la misma manera que ha convocado a hombres y mujeres de solvencia intelectual y de indudable peso específico, también ha citado a mequetrefes inexplicables, y solo basta echar un vistazo al gobierno de hogaño para aseverar lo dicho y como es el caso. Ahora, minutos antes de que sus compañeros de extrema izquierda, le dijeran que se fuera, ha decidido adelantarse y retirarse del futuro de esa coalición que por enésima vez se va a refundar. Del gobierno, que es de donde convendría removerla, por supuesto no, solo del engendro llamado Sumar que vete tú a saber en qué acabará. Digamos que todas las chanzas –alguna crueles– y burlas que ha inspirado el personaje, se las ha ganado a pulso, esforzándose día a día en parecer definitivamente estólida.

Sánchez, por demás, les ha comido el espacio a ella y a ese grupo de amiguetes que ahora quiere llamarse Nuevo Frente Amplio y que, inevitablemente, nos retrotrae al brillante pasaje del Frente Popular de Judea de los geniales Monty Phyton. No obstante los necesita. Si se incorpora Podemos a cambio de ceder algún ministerio futuro a cualquiera de las dos niñas de la curva, Belarra o Montero, otro par de especímenes rebozados en la necedad, podrían añadir unos escaños muy útiles para esas futuras elecciones que vaya usted a saber cuándo serán y que, en cualquier caso, tiene muy difícil ganar. Sin Yolanda, eso sí, puede tener más chance. ¡Y pensar que algún analista sobrevalorado decía que podía ser la primera presidenta de España!